¿Por qué decidimos ayudar?

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¿Por qué decidimos ayudar?

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Cuando presenciamos una situación en la que una persona puede necesitar ayuda, no siempre se responde de la misma manera. Esto es algo que a los psicólogos sociales siempre les ha suscitado preguntas: ¿Por qué ante la misma situación hay personas que ayudan y otras que no? ¿Por qué esa misma persona, que ayudó en un momento determinado, en otras situaciones no lo hace?

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Un suceso en concreto llamó la atención de los psicólogos sociales Latané y Darley en el año 1964. En un barrio de Nueva York, Kitty Genovese fue asaltada cuando volvía a su apartamento a las 3 de la madrugada. Ella gritó diciendo que la iban a apuñalar y estuvo intentando huir durante cerca de media hora, pero nadie llamó a la policía. Los periódicos apuntaban a que 38 personas presenciaron el asalto. Aunque esto no fuera del todo cierto, lo que sí ocurrió es que nadie contestó a la llamada de socorro de Kitty, que fue lo que suscitó el comienzo de la investigación de estos dos psicólogos.

A través de su investigación, formularon un modelo que explicaría en 5 pasos cómo las personas deciden o no intervenir en una emergencia:

El primer paso para la toma de decisión es percibir que algo extraño está sucediendo, pues si no te das cuenta de que algo sucede a tu alrededor no lo atiendes y, por consiguiente, no actúas sobre ello.

Una vez que hemos percibido que algo extraño pasa, la siguiente pregunta que nos hacemos es si lo que está ocurriendo es una emergencia (Paso 2). Para solucionar esta cuestión, muchas veces nos fijamos en la reacción de los demás, lo que nos lleva a caer en lo que los investigadores denominaron ignorancia pluralista. Esto consiste en inhibir la expresión de una actitud o emoción porque se piensa que los demás no la comparten, es decir, lo que sucede es que si los demás no reaccionan, es probable que tú tampoco lo hagas o, incluso, que no lo interpretes como una emergencia.

El ejemplo más fácil de este segundo paso es pensar en cómo reaccionarías si vieras a un hombre sucio, con la ropa vieja y con un cartón de vino en la mano tirado en la calle. Y ahora, piensa en un hombre aseado, vestido de traje y un maletín en la mano. ¿La cosa cambia no? Quizá lo primero lo interpretarías como una situación normal de un hombre que vive en la calle; en el otro caso, quizá sí te acercarías a socorrerle. Además, en cuanto alguien se atreva a acercarse a ayudar inmediatamente habrá más gente que se acerque a interesarse por él.

Si lo que interpretamos es que existe emergencia se pasaría al paso 3: ¿tengo la responsabilidad de actuar? Esto quiere decir que, aunque se crea que existe una emergencia, si la persona no se considera responsable de ayudar puede que no intervenga. Además en este punto entra en juego otro sesgo, al que se le conoce como difusión de la responsabilidad: explica que el que haya muchas personas observando lo ocurrido puede tener un efecto inhibidor debido a que la responsabilidad acerca de lo que ahí ocurra se percibe dividida entre todos los presentes. En contra de lo que se puede creer intuitivamente, cuanta más gente presencie la situación menos probabilidad de ayuda existe y más tiempo pasará hasta tomar la decisión de ayudar.

Ahora vuelve a pensar en el hombre trajeado tirado en el suelo. Y ahora imagina una calle llena de gente donde nadie se acerca a socorrerlo. Es ahí donde la difusión de la responsabilidad actúa, ¿recuerdas haber presenciado algo parecido?

Antes de pasar a la acción, todavía nos haríamos una pregunta más: ¿nos consideramos capaces de ayudar (Paso 4)? Podemos creer que existe emergencia; que tenemos que prestar ayuda y, sin embargo, sentirnos incapaces de hacerlo o no saber cómo. Imaginemos que a nuestro hombre trajeado le está pegando otro hombre de dos metros de alto y visiblemente fuerte, ¿nos sentiríamos capaces de interceder?

Finalmente, como último paso, tomaríamos la decisión de ayudar y pasaríamos a intervenir en la situación.

Como hemos podido observar, múltiples razones pudieron existir en el hecho de que a Kitty nadie la ayudara aquella noche de 1964. Desde que los vecinos no interpretaran que era una urgencia y pensaran que eran simples borrachos, hasta que supusieran que con tal alboroto algún otro vecino ya habría llamado a la policía. Sin ninguna duda, conocer estos procesos y ser consciente de cómo funcionamos ante semejantes situaciones quizá haga que reaccionemos de otro modo cuando nos encontremos ante una situación en la que dudemos de si existe emergencia o no.

Artículo escrito por Alicia Casas

En el centro de psicología en Madrid trabajamos un equipo de psicólogas y psicólogos entusiastas de nuestra profesión, con años de experiencia, un alto nivel de especialización y una amplia formación contrastada. Queremos ofrecer respuestas y herramientas a las personas para facilitar su pronta recuperación y así poder mejorar su bienestar y su calidad de vida en general.

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