Estilos educativos y apego adulto (II)

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estilos educativos y el apego adulto

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La llegada de un hijo a la pareja es un puente que conecta el patrón de apego que los padres han vivido en su niñez y adolescencia con el patrón de apego y estilo educativo que mostrarán con el pequeño.
Cuando un niño no tiene la posibilidad de establecer un apego primario de calidad en sus primeros dos años de vida, podría presentar déficits en su desarrollo, que se relacionan con insatisfacción marital, incompetencia conyugal y/o parental.

Es importante que los padres, como adultos, se conozcan a sí mismos y se preparen personalmente para afrontar la educación de los hijos. El desarrollo de estos es crucial y, para ello, la salud mental de los padres es también vital.

Para promover la buena salud mental en los padres, conviene que éstos conozcan ciertos aspectos de su personalidad, de sus relaciones con sus respectivos progenitores o figuras importantes en su vida, así como de que manera esto se entrelaza en su relación de pareja. Es interesante que ambos tengan la oportunidad de reflexionar acerca de qué fortalezas y debilidades les supone y, ¿por qué no? Trabajar en ello, de manera que el estilo educativo que adquieran sea gestionado con proactividad, eficacia y conciencia.

Para ello, vamos a ir describiendo y profundizando sobre uno de los aspectos esenciales de la parentalidad: el apego.

Desde el apego primario al apego adulto

La vulnerabilidad con la que las personas nacen implica necesariamente la dependencia de otro ser humano en el que recae el cuidado para sobrevivir, satisfaciendo por añadidura necesidades primarias: estimulación, alimento, sueño, protección en un contexto afectivo. Se establece una relación muy importante: el apego.

La forma en la cual las figuras de apego interaccionan con el niño determinará las representaciones, esquemas o ideas que tendrá sobre sí mismo, los demás y las relaciones con los otros, lo que influirá tanto en su autoconcepto como en las conductas de cercanía o afecto con los demás. La satisfacción (o no) de sus necesidades por parte de su figura de apego, proporcionando (o no) afecto, calidez, seguridad, atención y cuidado, conducirá a un estilo de apego que tiende a ser perdurable a lo largo de la vida de la persona. Por otro lado, con el objetivo de satisfacer la necesidad de seguridad, los niños tienden a responder priorizando la preservación del status quo psicológico de los padres, y a su vez los padres tienden a mantener los esquemas de interacción con los hijos, que refuerzan estados anímicos compartidos.

El apego adulto

Los diferentes estilos de apego conducen a establecer diferencias en el modo en que se relacionará el niño (y el futuro adulto) con los demás, así como en el desarrollo de procesos representacionales distintos. En este proceso, los modelos internos de los padres, a su vez, ejercen una influencia decisiva en la calidad de las interacciones con sus hijos y por tanto, en el estilo de apego desarrollado a partir de esta relación.

Si el niño, en lugar de experimentar la satisfacción por la atención recibida de su figura de apego, ha vivido un malestar mayor y mantenido debido a una inadecuada actuación de dicha figura, estas sensaciones registradas en la memoria implícita se activarán en situaciones futuras, pero no de manera consciente, por lo que el pequeño, luego el adulto, está mediatizado por estas experiencias de malestar o de carencia, y sus relaciones socioafectivas también lo estarán. Por ello, las relaciones sociales íntimas, como las de pareja, se pueden considerar como relaciones de apego, ya que en ellas se activan los modelos de apego de ambos miembros.

El apego adulto se fundamenta en la capacidad desarrollada para cuidar plenamente de sí mismo, lo que implica la capacidad para reconocer sus estados emocionales, autogestionarlos y solicitar el apoyo o cuidado de otro significativo en caso de necesitarlo. Es decir, autonomía en el cuidado sabiendo que no se puede hacer todo siempre por uno mismo, ni en todos los momentos de la vida.

Del apego adulto al apego en la relación de pareja.

El escenario que se promueve en una relación de pareja hace que el apego adulto se muestre como una relación significativa y bidireccional o simétrica de cuidado (sin dependencia de la figura de apego como en el apego infantil), en la que ambos se responsabilizan tanto de cuidar al otro cuando éste no pueda hacerlo por sí mismo como de cuidar el proyecto común que comparten. En esta relación de pareja se ponen en juego y se reactivan los estilos de apego de cada miembro, ya que dichos estilos son relativamente estables por la tendencia a asimilar las nuevas experiencias interpersonales desde los modelos internos existentes que se gestaron en la relación de apego con las figuras primarias.

La satisfacción marital depende pues de la combinación de los estilos de apego de los miembros de la pareja, siendo la combinación de los dos miembros seguros la que se relaciona con niveles más altos de satisfacción (efecto potenciador de la relación, experiencia de comodidad y cercanía, bajo temor al abandono y al rechazo). Las parejas compuestas por miembros inseguros, y en especial la combinación evitativo y temeroso o ansioso-ambivalente, correlaciona con la satisfacción marital más baja: el evitativo tiende a tomar distancia e inseguriza al ambivalente, mientras que éste realiza demandas excesivas a la vez que muestra temor o ansiedad ante la intimidad, lo que inseguriza al evitativo.

Transmisión intergeneracional del apego

En lo referente a la función parental, cabe destacar que los adultos seguros tienden a criar hijos seguros, con un amplio repertorio conductual y afectivo (flexibilidad) que facilita la adaptación y satisfacción de sus necesidades, y a su vez que el niño sea capaz de adaptarse a las diferentes situaciones con flexibilidad y recursos (resiliencia). Por otro lado, los padres inseguros tienden a repertorios conductuales y atencionales más restringidos (rigidez como necesidad de autoprotección a causa de un apego no resuelto o inseguro) que reducen la capacidad de responder a las necesidades de los hijos, y por tanto los niños reflejarán este tipo de patrón también.

Según Main (2012) los niños elusivos minimizan la conducta de apego y maximizan la exploración, mientras que los preocupados minimizan la exploración y maximizan la conducta de apego. Por lo tanto, en la transmisión intergeneracional de los modelos de apego están implicados tanto los padres como los hijos.

Conclusión

La necesidad de los padres de perpetuar esquemas relacionales crea una pauta en la que el legado del apego no resuelto o inseguro puede generar una situación de apego inseguro o desorganizado que se perpetúa entre generaciones, visible en los diferentes estilos educativos que adoptan los padres con sus hijos.

Main (2012) afirma que la actitud consciente y reflexiva resulta crucial, pues permite tomar conciencia de las propias experiencias y aprendizajes vitales, y distinguir entre la apariencia y la realidad, comprendiendo que las propias percepciones son parciales, e incluso pueden estar sesgadas.

La reflexión sobre la propia experiencia hace posible que los esquemas o modelos con los que los futuros padres entienden el mundo sean flexibles, y por tanto se adapten a la nueva situación relacional que se crea en la pareja, re-elaborando el propio apego y facilitando el cambio del patrón de apego intergeneracional.

La reflexión sobre los propios esquemas, percepciones, patrones de relación con uno mismo, los demás y el mundo; la actitud proactiva, abierta al cambio y el conocimiento sobre los propios patrones de apego son elementos esenciales en la rampa de lanzamiento para la parentalidad consciente y adaptativa a los retos que supone la crianza de un hijo, y su acompañamiento a lo largo de la vida, hasta que sea una persona adulta e independiente, para continuar el ciclo vital.

REFERENCIAS

Barroso, O. (2014). El apego adulto: la relación de los estilos de apego desarrollados en la infancia en la elección y las dinámicas de pareja. Revista Digital de Medicina Psicosomática y Psicoterapia, 1(4).

Main, M. (2012) Representaciones mentales, metacognición y la entrevista de apego adulto. En Wallin, D. (Eds.), El apego en psicoterapia. (pp. 55-78). Bilbao: Desclee Brouwer.

Cohen, A. & Eagle, M. (2005). Prediction of relational functioning from attachment in adult romantic relationships. Journal of the American Psychoanalytic Association, 53, 1331-1333.

Collins, N. L. & Feeney, B. C. (2000). A safe haven: An attachment theory perspective on support seeking and caregiving in intimate relationships. Journal of Personality and Social Psychology, 78, 1053-1073. doi:10.1037/0022- 3514.78.6.1053 Collins, N. L. & Feeney, B. C. (2004). Working models of attachment shape perceptions of social support: Evidence from experimental and observational studies. Journal of Personality and Social Psychology, 87, 363-383.doi:10.1037/0022-3514.87.3.363

Feeney,J. Noller, N. (2001) Apego Adulto. Desclée de Brouwer

Hazan, C. y Shaver, P.R. (1987). Romantic love conceptialized as an attachment process. Journal of Personality and social Psychology, 52, 511-524.

Artículo escrito por Aurora Muñoz Mohedano

En el centro de psicología en Madrid trabajamos un equipo de psicólogas y psicólogos entusiastas de nuestra profesión, con años de experiencia, un alto nivel de especialización y una amplia formación contrastada. Queremos ofrecer respuestas y herramientas a las personas para facilitar su pronta recuperación y así poder mejorar su bienestar y su calidad de vida en general.

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