Estereotipo y Prejuicio

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Estereotipo y prejuicio

En un momento donde se están dando grandes cambios en el mundo y la sociedad se está diversificando es importante, si queremos ir en consonancia, que nos paremos a observar hasta que punto somos tolerantes.

¿Por qué nos cuesta aceptar a personas diferentes a nosotros?

Es aquí donde entran en juego los prejuicios y los estereotipos.

Hay diversas opiniones sobre si los prejuicios son únicamente negativos o puede haber también positivos, pero de forma general cuando se habla de prejuicio se hace como algo perjudicial. Baron y Byrne (2005) lo definen como “una actitud usualmente negativa hacia los miembros de algún grupo, basada exclusivamente en la pertenencia a dicho grupo”.

La información relacionada con dicho grupo es procesada de forma distinta a la información de otros grupos, recibe mayor atención y es mejor recordada; el resultado es que esta idea se hace más fuerte con el tiempo.

A parte del procesamiento de información, lo peligroso es que sentimientos, creencias y comportamientos están influidos por ello. Grandes conflictos de la historia tienen prejuicios de base.

¿Y dónde están los estereotipos?

Los estereotipos son componentes clave del prejuicio: son aquellas creencias sobre la presencia de ciertos rasgos o características comunes que comparten los miembros de un grupo específico.

Tienen también un modo peculiar de funcionar, y es que hacen que prestemos más atención a aquella información que los mantiene; sin embargo, cuando la información es inconsistente tendemos a rechazarla o a modificarla para que cuadre con estos, en vez de plantearnos si nuestra visión de ese grupo está equivocada.

Prejuicio y estereotipo hacen un pack del cual es difícil librarnos ya que, en el caso de los prejuicios, nos permiten reforzar la autoimagen, afirmar la autoconfianza y sentirnos superiores y en el de los estereotipos, nos ahorran trabajo a nivel cognitivo, ya que, una vez formada la idea, no nos detenemos en el procesamiento de esa información porque confiamos en esas ideas preconcebidas y creemos saber cómo son los miembros del grupo. Además tendemos a ver muy parecidos entre sí a los miembros del grupo contrario, sin tener en cuenta la individualidad de cada integrante y sin embargo a los miembros del propio más diferenciados.

Pero ¿de dónde vienen los prejuicios?

Hay diferentes puntos de vista desde donde observar cómo se originan. en Baron y Byrne (2005) se señalan tres:

1º Teoría del conflicto realista: “el prejuicio deriva de la competencia directa entre varios grupos sociales por recursos escasos y valiosos”.

2º La perspectiva del Aprendizaje Social: sugiere que el prejuicio es aprendido de niños por lo que ven en sus grupos de referencia y por la experiencia temprana que tengan con los otros grupos.

3º Categorización social: por la cual tendemos a dividir el mundo separando nosotros de ellos, viendo de forma positiva a nuestro grupo y de forma más negativa a los demás.

Conociendo el origen deberíamos poder manejarlos mejor, pero aquí entra la conciencia que tengamos sobre su presencia en nosotros, ya que algunas actitudes derivadas de prejuicios y estereotipos pueden ser implícitas —con lo que no seríamos  conscientes de ellas— afectando a nuestra motivación por cambiarlos.

Actualmente formas de prejuicio como pueden ser el racismo, el sexismo o el clasismo, entre otras, se han vuelto más sutiles porque están mal vistas socialmente; sin embargo, siguen existiendo y mostrándose en situaciones íntimas, con familiares o amigos que puedan compartir las mismas ideas o por las que simplemente no vayan a ser señalados o sancionados.

¿Por qué debería modificar estos pensamientos?

Si somos empáticos e intentamos ponernos en el lugar del otro seguro que seremos capaces de llegar a la conclusión de que no nos gustaría estar del lado del prejuicio. Nuestros prejuicios pueden llegar muy fácilmente a convertirse en discriminación, lo que trae muchas consecuencias negativas para la otra persona como puede ser la inseguridad, el miedo, la baja autoestima, sentimientos de impotencia, frustración y desesperanza, infelicidad, problemas físicos debido al estrés, depresión y ansiedad, entre otros problemas psicológicos.

Las personas además nos comportamos como los otros esperan que nos comportemos: si lo que se espera de nosotros es negativo, limitará nuestro potencial, nuestro rendimiento y que podamos seguir libremente la trayectoria que queramos en la vida.

Por el lado de la persona que tiene prejuicios también hay consecuencias: veremos amenazas y peligros donde no los hay y viviremos con miedo, ansiedad y odio. La preocupación constante por el grupo prejuiciado disminuye notablemente la posibilidad de disfrutar de actividades y de la vida. Nos aleja también de conocer a otras personas de las que podríamos descubrir cosas nuevas.

Y ahora ¿por dónde empiezo?

Todo aquello que se aprende se puede desaprender, por lo que teniendo esto en mente podemos trabajar en ello.

La educación es el principio del cambio por lo que es necesario que los padres y educadores no enseñen a los niños sus propios prejuicios. Comenzaremos preguntándonos y evaluando aquellos que tenemos, poniendo atención para así cambiar aquellas palabras o conductas asociadas a ese prejuicio. Tras esto es importante enseñar a los niños tolerancia, de forma que respeten las diferencias de los que no son como ellos, porque son éstas las que nos hacen únicos, así como la empatía, haciendo ver las consecuencias negativas que tiene no tenerla.

El contacto con otros grupos reduce también los prejuicios. El acercarnos hará que tengamos información real, que podamos percibir semejanzas con nosotros y que veamos a los individuos de forma más heterogénea, alterando los estereotipos al haber suficiente información inconsistente. Y no es específicamente necesario ese contacto directo, sino que está demostrado que con el simple hecho de conocer que miembros del grupo al que pertenecemos mantienen relaciones amistosas con el otro grupo, se reduce el prejuicio hacia este.

No haciendo tantas limitaciones entre nosotros y ellos, teniendo en cuenta que todos pertenecemos a una colectividad más amplia y que personas que en principio no son de tu grupo pueden pasar a ser vistas como tal, si lo miramos de forma más global.

Cuestionando nuestros estereotipos, de forma que aprendamos a ver personas individuales, con características propias, aparte de las que pueda compartir con uno u otro grupo y no como miembros de un conjunto homogéneo.

En definitiva y si en algún momento tenemos dudas, parémonos a pensar: “¿cómo me gustaría que me tratasen a mí?”

BIBLIOGRAFÍA

Baron, R.A., y Byrne, D. (2005). Psicología Social. Madrid: PEARSON EDUCACIÓN, S.A.

Artículo escrito por María Fernández

En el centro de psicología en Madrid trabajamos un equipo de psicólogas y psicólogos entusiastas de nuestra profesión, con años de experiencia, un alto nivel de especialización y una amplia formación contrastada. Queremos ofrecer respuestas y herramientas a las personas para facilitar su pronta recuperación y así poder mejorar su bienestar y su calidad de vida en general.

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