¿En qué medida decidimos nosotros? (II)

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toma de decisiones

Recomendamos comenzar leyendo la primera parte de este artículo ¿En qué medida decidimos nosotros? (I)

Freud, se posiciona en contra de este modelo, y defiende conjuntamente con D. Hume y F. Nietzsche que los seres humanos no son absolutamente racionales ni transparentes para sí mismos, lo que para los intérpretes actuales es su mayor contribución: Un esbozo de una “ciencia interpretativa de la irracionalidad motivada”, capaz de dar cuenta de las fuerzas inconscientes —temores, fantasías, deseos y afectos— que más allá de nuestra conciencia y voluntad, gobiernan nuestro comportamiento cotidiano. Esta postura dará lugar a su famosa frase: El Yo no es amo en su propia casa”, lo que para muchos estudiosos de nuestra época constituye la enseñanza central del psicoanálisis.

Freud confronta la concepción de “sujeto inconsciente” con la noción de “sujeto cartesiano”. Desde esta perspectiva el Yo se siente seguro tanto de la completitud y confiabilidad de su percepción interna como de la viabilidad de sus órdenes. Dicho de otro modo, además de creerse absolutamente transparente para sí mismo, el sujeto cartesiano tiene confianza absoluta en su capacidad para dominar sus pensamientos, sentimientos y acciones. “El ser humano (…)se siente soberano en su propia alma” (Freud, 1919).

El descubrimiento freudiano de la existencia y funcionamiento del inconsciente, puede afirmarse, viene a echar por tierra esta visión arrogante de la subjetividad humana. Para Freud “yo me soy extraño a mí mismo” porque jamás puedo aprehender clara y distintamente lo que ocurre en mi psique. El sujeto individual carece de la autonomía y la libertad que el common sense moderno le adjudica. Lejos de denominarse a sí mismo libre y conscientemente, el Yo es, en última instancia, una marioneta de sus propios procesos psicológicos inconscientes.

Desde esta perspectiva la carencia de autodominio no sería pues prerrogativa de los “dementes”, los “niños” y los “primitivos” sino, más bien, un rasgo esencial de la conditio humana, con lo que se rompe con el prejuicio sobre la existencia de una fisura abismal entre el funcionamiento psíquico “patológico” y el “normal” (Honneth, 2017).

El Yo se vale de procesos inconscientes que son absolutamente extraños al clásico sujeto cartesiano: los denominados “mecanismos de defensa” —regresión, represión, racionalización, negación, identificación, introyección, entre otros— que, operando a espaldas del individuo, se encargan de rechazar, ahuyentar y transformar estímulos externos que ponen en peligro la integridad subjetiva.

Pensadores contemporáneos tan diferentes como Critchley y Honneth resaltan la relevancia de la noción freudiana del sujeto escindido para las discusiones actuales acerca de la experiencia ética y la relación consigo mismo. Toda esta disertación sobre la teoría freudiana de la subjetividad humana es concluyente para entender que el individuo no es capaz de tomar plenamente decisiones de forma libre, autónoma y consciente.

Aportes de la Psicología Social

Sabemos que además de nuestra dotación genética o nuestras características fisiológicas, el ambiente nos conforma como individuos, modulando nuestra conducta, pensamiento, hábitos, actitudes, etc. Desde que nacemos estamos expuestos a numerosos estímulos externos que de una forma u otra van a condicionar nuestra existencia. Los modelos de crianza, los tipos de apego, las relaciones y la calidad de los vínculos que mantengamos con figuras representativas en esa etapa, van a marcar nuestro devenir como individuos.

La capacidad para tomar decisiones va a estar también mediada por toda esa serie de eventos y circunstancias; por ejemplo, una persona que ha sido expuesta desde su infancia a un estilo de crianza sobreprotector se mostrará presuntamente más indecisa e insegura cuando tenga que asumir retos o cambios vitales que impliquen elegir o postularse ante una situación, ya que habrá aprendido en gran medida a que otros solucionen sus problemas.

Las creencias, los valores sociales o familiares y la cultura también juegan un papel determinante a la hora de decidirnos por una u otra opción. A menudo escuchamos frases hechas en nuestro entorno que pasan de unas personas a otras con suma facilidad y que apenas son cuestionadas. Esas expresiones ilustran el peso que tienen los valores o las creencias subyacentes y que en muchos casos son introyectadas, es decir, asumidas sin masticar porque provenían de personas con mucha influencia y poder sobre nosotros en un determinado momento, o por los criterios morales dominantes de la época.

La sociedad y la cultura juegan también un papel determinante en tareas decisionales trascendentes en nuestra vida. Obviamente, no es lo mismo declararse homosexual abiertamente en la España actual que durante el franquismo; o divorciarse en un país laico y desarrollado, a hacerlo en uno donde imperan férreos valores religiosos, actitudes tradicionales institucionalizadas o un modelo patriarcal.

Sabemos que la presencia implícita de diversas instituciones también va a pesar a la hora de que decidamos, a veces de forma consciente, pero también en otros casos inconscientemente. Estas no necesitan estar presentes físicamente, basta que lo estén sus normas, reglas, productos, etc.

Las estructuras sociales de estatus y poder, las modas, las costumbres, los rituales o los estereotipos también van a jugar un papel decisivo a la hora de escoger entre diferentes opciones.

Nuestra necesidad de pertenencia, de establecer vínculos positivos, duraderos y estrechos con otras personas, o la influencia del grupo social y su presión, pueden también inclinar de manera importante la balanza a la hora de decidir. En muchos casos, tomar una decisión en contra de la mayoría implica procesos de estigmatización, ostracismo o exclusión; de hecho, el ostracismo se ha utilizado en todas las épocas y en todas las culturas para regular el comportamiento social.

Cabría reseñar experimentos que han aportado cierta validez empírica a cómo nuestra conducta de elección es modificada por la presión grupal, incluso con estímulos físicos. Un ejemplo es el trabajo de investigación llevado a cabo por S. Asch en 1951, donde los participantes se dejaban llevar en un elevado porcentaje de casos por lo que decía la mayoría.

Como conclusión, argumentamos que los seres humanos no somos plenamente libres, autónomos o conscientes a la hora de tomar decisiones; bien sean estas de naturaleza irrelevante o trascendental para nuestra existencia. La intrasubjetividad, la ambientalidad, el peso de las emociones, la cultura, la biografía, la presión social, la incertidumbre o la misma dificultad de vivir en entornos complejos y altamente demandantes nos hace poco objetivos y vulnerables a la hora de decidir.

Estudiar o no una carrera, acceder a un puesto de trabajo o abandonarlo, cambiar de ciudad o de país, montar una empresa, escoger pareja, vivir en soledad, casarnos, divorciarnos, tener descendencia… son decisiones que van a marcar nuestras vidas, y por tanto requerirán de nosotros un análisis profundo —que procure evitar sesgos decisionales— a fin de moldear una elección a nuestra medida, basada en nuestros valores y necesidades.

En ocasiones será necesario el apoyo de profesionales y expertos que nos ayuden en ese complejo proceso, y aporten otras perspectivas alternativas, que pueden alumbrarnos en nuestro camino y enriquecer nuestra visión.

BIBLIOGRAFÍA

Critchley, S. (2012) Infinitely demanding: Ethics of commitment, Politics of Resistance. London: Verso.

Freud, S. (1975) Esquema del Psicoanálisis. Paidós: Buenos Aires: El cielo por asalto.

Fromm, E. (2004) El miedo a la libertad. Buenos Aires. Paidós.

Honneth, A. (2009) Crítica del agravio moral: Patología de la sociedad contemporánea. México: Fondo de cultura económica.

Gaviria Stewart, E.(2009) Introducción a la Psicología Social. Sanz y Torres.

Hume, D. (1965) A treatise of human nature. Oxford. Clarendon Press.

Marcuse, H. (1983) Eros y Civilización. Madrid.: Sarpe.

Rojí Menchaca, B. (2014) Introducción a los tratamientos psicodinámicos, experienciales, constructivistas, sistémicos e integradores. Uned.

Ruiz, M. (2012) Manual de Técnicas de Intervención Cognitivo Conductuales. Desclee de Brouwer.

Artículo escrito por X. Anxo Maciel Vilar

Graduado en Psicología. UNED. Mención en Psicología de la Salud e Intervención en Trastornos mentales y del Comportamiento.

Máster en Psicología General Sanitaria. UEM (c)

Instructor en Mindfulness y Coach.EEL/UNED.

Colegiado nº M 33133. Colegio oficial de Psicólogos de Madrid.

En el centro de psicología en Madrid trabajamos un equipo de psicólogas y psicólogos entusiastas de nuestra profesión, con años de experiencia, un alto nivel de especialización y una amplia formación contrastada. Queremos ofrecer respuestas y herramientas a las personas para facilitar su pronta recuperación y así poder mejorar su bienestar y su calidad de vida en general.

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