Empatía

empatía

Voy a hablaros de la empatía, esa gran habilidad que parece que todo el mundo maneja: ¿te consideras una persona empática? Permíteme que lo comprobemos juntos.

Para empezar, creo que habría que distinguir niveles de empatía. No pienses que esto iba a ser tan sencillo como un “sí” o un “no” como respuesta absoluta.

¿Por qué digo esto? todos sabemos que el llanto, la risa, la ira, las ganas de bailar, los bostezos… incluso el acto de vomitar es contagioso. Sabemos también que existen ciertas neuronas, llamadas neuronas espejo. Si una persona que tenemos enfrente levanta un brazo, se activarán en su cerebro un grupo de neuronas específico encargado de realizar esta acción. Las neuronas espejo de mi cerebro se activarán exactamente con el mismo patrón que las de mi compañero de enfrente, simplemente observando cómo levanta su brazo. Esto se considera un mecanismo muy básico de supervivencia como seres sociales que somos; además las neuronas espejo no son exclusivas del ser humano sino que se ha encontrado en otras especies.

Para seguir en los niveles de la empatía, os expongo la llamada Teoría de la Mente, que es un fenómeno cognitivo que se adquiere en torno a los 4-5 años de edad. Para comprobar si esta capacidad se ha adquirido o no, a los psicólogos nos gusta realizar un experimento con niños de 3, 4 y 5 años: el experimentador se va a sentar frente al niño en una mesa. En esta mesa encontramos una hucha y unas cuantas monedas. Cogemos las monedas, las metemos dentro de la hucha y le preguntamos al niño: “¿Qué crees que hay dentro de la hucha?”, a lo que responderá “Monedas”. Tras esto sacamos las monedas de la hucha y las sustituimos por un puñado de canicas y le volvemos a preguntar: “¿Qué crees que hay en la hucha?”, a lo que contestará “Canicas”. Inmediatamente después le preguntamos “Y si llamamos ahora a un amiguito y le preguntamos qué hay en la hucha, ¿qué creerá que hay en la hucha?”. Si este niño tiene menos de 4-5 años responderá “Canicas”, puesto que aún no ha desarrollado la llamada Teoría de la Mente (o el fenómeno de entender otros puntos de vista diferentes al propio).

Bueno, si estás leyendo esto es obvio que tienes más de 5 años y por tanto este nivel de empatía ya lo posees, ¡felicidades! (excepto algunos casos que aquí no trataremos), pero esto no acaba aquí, no. Según vamos creciendo vamos viviendo circunstancias, experiencias o eventos distintos que desencadenan en nosotros una serie de emociones respecto a estos, una serie de conductas para afrontarlos, una serie de habilidades que se adquieren, etc. (El típico “no hay mal que por bien no venga”, “de todo se aprende” o “lo que no te mata te hace más fuerte”).

Esto quiere decir que cuando hablamos con alguien que ha pasado por experiencias similares a las nuestras, puedes intuir por tu propia experiencia cómo se siente la otra persona. ¿Pero hasta qué punto esto es cierto? Bien, aquí entran en juego muchos factores, entre ellos: tendencias o rasgos de personalidad de la persona, apoyo social con el que se cuenta, habilidades personales y/o sociales, nivel socioeconómico, género, edad, experiencias pasadas, estilos de afrontamiento, estilos de apego, situación laboral, etc. A su vez todas estas pueden o están relacionadas entre ellas.

Lo ilustraré con un ejemplo: “una persona de unos 50 años se queda de repente sin su puesto de trabajo. ¿Qué podrías decirle?” Probablemente si eres una persona de 20 años veas la situación de una manera distinta que si fueras una de 60, al igual que si tienes apoyo social y muchos contactos posiblemente lo veas de una manera distinta a alguien más bien introvertido,  sin muchos contactos. Si eres una persona que se ha apoyado mucho en su familia verás la situación de una manera muy distinta a otra persona que nunca ha tenido buena relación con sus padres. Probablemente si tienes un nivel socioeducativo alto verás la situación de una manera distinta a una persona con un nivel socioeducativo bajo. Si eres una persona sin preocupaciones económicas verás la situación de una manera distinta a  una persona que le cuesta llegar a fin de mes.

¿Te consideras ahora una persona empática? Quizás la afirmación ya no es tan categórica.

Por ello la psicología es una ciencia y un arte. Obviamente la vocación viene dada de cierta predisposición natural a un determinado nivel de empatía, sin embargo creo que la empatía real se estudia, se aprende. Cada vez que un paciente pasa por la consulta te empapas de su situación, su manera de ver la vida, el mundo, a los demás, a sí mismo, sus experiencias pasadas, sus rasgos de personalidad, sus maneras de afrontar los problemas, las habilidades que posee o no posee. Es decir, te sumerges en su mente y ves su problemática desde su marco de referencia, no desde el tuyo. Para realmente entender una persona hay que adentrarse en su mundo, hay que cambiar el marco de referencia.

Ser empático no es entender la problemática del otro desde tu punto de vista, sino desde el suyo. Este es un ejercicio muy complicado que requiere, desde mi punto de vista, mucha casuística; es decir, estudiar las problemáticas posibles por grupos de edades, por género, por tipos de personalidad, estilos de afrontamiento, tipo de apego, experiencias pasadas, etc.

Por tanto, ser empático requiere saber y conocimiento. Querer y poder escuchar todo lo que la persona tiene que decir y todo lo que la persona es.

Artículo escrito por Beatriz Ostalé Estévez

En el centro de psicología en Madrid trabajamos un equipo de psicólogas y psicólogos entusiastas de nuestra profesión, con años de experiencia, un alto nivel de especialización y una amplia formación contrastada. Queremos ofrecer respuestas y herramientas a las personas para facilitar su pronta recuperación y así poder mejorar su bienestar y su calidad de vida en general.

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