El sufrimiento, ¿superación o desdicha? Tú decides

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El sufrimiento, ¿superación o desdicha? Tú decides


En el momento en que nuestra mente pierde completamente la confianza y la esperanza hacia el futuro, comienza a divagar y a generar incertidumbre, zozobra, angustia y miedo. Ésta percepción desesperanzadora sólo contribuye a fomentar en nosotros sentimientos de incapacidad y malestar tanto físicos como psicológicos. La desconfianza, la creencia de imposibilidad y la pérdida de esperanza hacia el porvenir, nos producen indudablemente emociones poco placenteras que, sostenidas en el tiempo, permiten la aparición de aquello que más tememos: el sufrimiento. Pero, ¿qué es realmente el sufrimiento? Y ¿cómo aliviarlo? Son sin duda algunas de las preguntas con mayor afán de respuesta.

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Cuando se habla de sufrimiento por lo general nos referimos a aquellos sentimientos negativos sostenibles en el tiempo, que nos generan altos niveles de malestar y dolor. Es importante resaltar que una vez que se padece seremos capaces de escoger la actitud y perspectiva con la que vivimos la experiencia; dependiendo de esto, conseguiremos superación y progreso personal, o por el contrario seguiremos hundidos en nuestra desdicha.

Si retrocedemos en el tiempo, encontraremos que ya desde el 600 A.C. mentes brillantes como la de Buda Gautama intentaban explicar el verdadero sentido de la vida a través de ideas  que indicaban que la condición humana, además de vivencias placenteras, implicaba sufrimiento. Buda aludía a que el causante es el conflicto interno entre cómo son las cosas y cómo queremos que sean. Predicaba igualmente que el sufrimiento es capaz de reducirse e inclusive eliminarse cambiando nuestra actitud ante sucesos desagradables. Y por último, enumeró ciertas estrategias para acabar con dicho dolor (Germer, Siegel y Fulton, 2015). En pocas palabras, lo que buscaba ambiciosamente Buda era enseñar a otros a vivir en paz consigo mismo, a aceptar las experiencias y en caso de que ellas representen padecimiento, utilizar estrategias para manejarlas.

Por otro lado, tenemos el caso de Jesús, quien vino hace más de 2.000 años a enseñarle a la raza humana a vivir a través del Amor y de la Fe, siendo ésta la vía para aliviar el dolor de la humanidad. De esta manera, nos quiso dar a entender que cuando el ser humano se aleja de estos preceptos la vida en sí representa sufrimiento. Demostrándonos esto, se entregó a la cruz aún sabiendo que se exponía a la agonía. Con esta acción demostró al hombre que si existe Fe, confianza y una esperanza extraordinaria hacia el futuro, ese pesar se alivia, disminuye e inclusive se anula.

Por su parte, Albert Einstein (1879-1955) —uno de los más grandes genios y científicos de la humanidad— explicaba el sufrimiento desde el concepto de crisis. Afirmaba en uno de sus más famosos escritos que las crisis pretenden ser una de las más grandiosas bendiciones lejos de ser experiencias completamente negativas. Y esto lo confirmaba explicando que las dificultades son el motor de la superación y del progreso. Así, quien las supera se supera a sí mismo, pues estas representan un desafío, con lo que la única crisis que realmente existe es la tragedia de no querer luchar por superarlas.

Del mismo modo, nos encontramos con personalidades igualmente significativas en la historia como Viktor Frankl, psiquiatra preso en un campo de concentración nazi, quien posteriormente se convirtió en el padre de la Logoterapia;  nos manifiesta desde su propia vivencia que lo que necesitamos las personas es un cambio radical en nuestra actitud hacia la vida. En su libro de referencia El hombre en busca de sentido Frankl nos pretende ilustrar acerca de como “el modo en que un hombre acepta su destino y todo el sufrimiento que éste conlleva, le da muchas oportunidades…para añadir a su vida un sentido más profundo” (p. 42). Para este autor, la esencia de la existencia se basa en la capacidad del hombre de ser responsable; de cómo vive y afronta sus retos.

Ahora bien, todas estas perspectivas lo que pretenden es que aceptemos que la vida trae consigo momentos difíciles, y que el ser humano debe estar preparado para afrontarlos, puesto que son incontrolables, inevitables y forman parte esencial de nuestra existencia. En este sentido, entendemos que lo único que las personas sí podemos controlar es la manera en que estas experiencias nos afectan. Está dentro de nosotros elegir la actitud, confianza, esperanza así como la Fe con la que las asumimos.

En consecuencia, resulta elemental que comprendamos que durante el recorrido de la vida,  está bien sentir dolor para que podamos normalizar las sensaciones de displacer, miedo, angustia, ansiedad o malestar. Está bien que nos sintamos tristes o decaídos ante una pérdida, una ruptura o inclusive un desempleo; que experimentemos ansiedad o angustia ante una situación difícil, pues éstas son las respuestas más innatas y acertadas ante un acontecimiento. Sin embargo, existe una fina línea que separa aquello normal de sentir de aquello que se convierte en un estado patológico. El sufrimiento entonces es lo que creamos cuando nos resistimos a ese dolor o lo negamos (Germer, Siegel y Fulton, 2015). En este sentido, está en nosotros trabajar en pro de que estas emociones no perduren en el tiempo, generándonos un impacto mayor.

Entiendo que el desafío es aún mayor cuando nos dejamos sumergir en lo más profundo de nuestro dolor y realmente creemos que es casi imposible salir de ese sitio oscuro. Cuando nos sentimos desolados el camino es realmente cuesta arriba, por esta razón es vital que el individuo consiga un motivo por el cual sobreponerse y esto podría suponer una de las principales estrategias de afrontamiento. En este sentido, tal y como describía Frankl (1991) darle un sentido a ese dolor.

Desde este punto de vista, resulta substancial para el desarrollo individual que aceptemos que en algún punto de nuestras vidas tendremos que hacer frente a circunstancias muy duras pero que simplemente van a ocurrir. Por esta razón, es necesario que trabajemos día a día para aumentar y fortalecer el repertorio de herramientas que poseemos y que nos permitan hacerle frente a dichas experiencias; llegado el caso, pasar tiempo a solas en contacto con ese dolor, aceptándolo y dejándolo estar conseguirá aliviar nuestro cuerpo y nuestra alma.

En la medida en que aprendamos a estar con estos sentimientos maduraremos y progresaremos. Es importante que aprendamos a ver con otros lentes este tipo de situaciones y las convirtamos en aprendizajes, que poco a poco nos van haciendo más fuertes, más capaces y más confiados de lo que podemos lograr y superar. Sólo desde ésta perspectiva conseguiremos aliviar los mayores niveles de malestar.

Resulta imprescindible que logremos generar muy altos grados de confianza en nosotros mismos, de manera que sea posible levantarse y salir adelante. Motivémonos a buscar un cambio y trabajemos en pro de nosotros mismos para encontrar nuestras propias respuestas. Aprendamos a manejar aquello que uno si puede controlar. Generemos y reforcemos estrategias que nos permitan ver la vida con mayor disfrute y menos desdicha. Busquemos herramientas de afrontamiento con las que poder vivir plenamente y en paz con el sentir de cada uno.

Y lo más importante es que luego de todo este proceso de transformación, veamos hacia atrás y analicemos las situaciones difíciles que se interpusieron en nuestro camino y nos permitamos agradecer de corazón todas aquellas crisis que nos condujeron al crecimiento. Pues no hay mejor sentimiento que la satisfacción de superarnos.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Einstein, A. (s.f). Las Crisis.

Frankl, V. (1991). El hombre en busca de sentido. Barcelona: Editorial Herder.

Germer, R. & Fulton (2015). Mindfulness y Psicoterapia. Bilbao: Editorial Desclée De Brouwer.

Artículo escrito por Clarissa Sucre

En el centro de psicología en Madrid trabajamos un equipo de psicólogas y psicólogos entusiastas de nuestra profesión, con años de experiencia, un alto nivel de especialización y una amplia formación contrastada. Queremos ofrecer respuestas y herramientas a las personas para facilitar su pronta recuperación y así poder mejorar su bienestar y su calidad de vida en general.

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