Depresión: Elementos a considerar para acudir a consulta

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Depresión ¿Cuándo acudir a consulta?

Si conoces a alguien que esté deprimido por favor nunca preguntes por qué. La depresión no es una respuesta directa a una mala situación; la depresión es simplemente… como el tiempo. Trata de entender la negrura, el letargo, la desesperanza y la soledad por la que estas personas están pasando. Tienes que estar presente para ellas cuando vuelvan de ese otro lado. Es duro ser un amigo de alguien que está deprimido, pero es una de las cosas más amables y generosas que harás jamás.

Stephen Fry

Desde hace varios años se comenta el aumento preocupante de la depresión, tanto que ha llegado a considerarse la epidemia de los últimos años.

Este aparente aumento que nos rodea en conversaciones, casos de conocidos y medios refleja realmente una mayor toma de conciencia acerca de un trastorno que según distintas estimaciones podría afectar a un porcentaje de entre el 8 y el 12% de la población y que supone —junto con los trastornos de ansiedad— más del 50% de casos atendidos en consulta por psicólogos.

Pero esta visibilidad tiene ventajas e inconvenientes: si bien por un lado hace posible abordar un  trastorno no siempre visible, por otro lado nos obliga a discernir de un modo riguroso la depresión de un estado temporal de tristeza al que se alude, de manera coloquial, como “estar deprimido”.

Es clave por ello afrontar la depresión desde un diagnóstico acertado y diferencial respecto a otros trastornos, de modo que se plantee una terapia en consonancia con los síntomas y contexto de cada paciente.

Para este diagnóstico la Psicología ha establecido varias consideraciones importantes:

En primer lugar, debemos distinguir entre un estado duradero e intenso de tristeza y  un trastorno depresivo. Si bien los sistemas diagnósticos actualmente aceptados por la comunidad científica reconocen varios posibles trastornos depresivos en función de su duración, manifestaciones clínicas y etiología, todos ellos tienen en común un ánimo triste, vacío o irritable, acompañado de cambios somáticos y cognitivos que afectan sobremanera a la persona que los padece.

A diferencia de otros trastornos mentales que cursan sin una percepción del propio paciente de su enfermedad la depresión supone una agudización del malestar psicológico por parte del paciente que conlleva un intenso sufrimiento, llegando en ocasiones a provocar el suicidio.

Para diagnosticar un  trastorno depresivo mayor es necesario que la persona haya tenido episodios durante al menos dos semanas con cambios en su estado de ánimo habitual (tristeza o sentimientos de desesperanza) así como una disminución continuada y llamativa a lo largo del día del interés o el placer por actividades anteriormente placenteras.  Es frecuente asimismo la pérdida de peso sin hacer dieta, aunque en algunos casos se produce aumento de peso, insomnio (se estima que afecta a 8 de cada 10 personas depresivas) o bien hipersomnia (necesidad de dormir en exceso, con una dificultad para levantarse por las mañanas), agitación de movimientos  o enlentecimiento, pérdida de energía y cansancio no explicado por la actividad que se ha llevado a cabo a lo largo del día, etc.

Respecto a cómo afecta la depresión a las emociones y pensamientos de las personas que la padecen debemos tener en cuenta que en muchas ocasiones sienten una  culpabilidad excesiva o incluso inapropiada, junto con sentimientos de inutilidad, con el consiguiente sufrimiento derivado.

Por otro lado resulta difícil concentrarse o decidir sobre temas de cualquier índole. Es habitual también pensar en la muerte, con ideas suicidas recurrentes.

Es posible igualmente un diagnóstico de una forma más crónica de depresión (conocido como distimia) siempre y cuando los síntomas duren al menos dos años en los adultos o un año en los niños.

Como vemos, se trata de un trastorno que puede llegar a ser incapacitante para mantener la vida habitual del paciente. Este hecho, sumado a que cuanto más reciente sea el inicio del trastorno más probable será la recuperación, nos lleva a recomendar un tratamiento temprano y actividades de prevención en la población en general.

En la terapia es esencial partir de la individualidad de cada persona (más allá de los posibles criterios diagnósticos que están establecidos), dado que se pueden presentar una variedad de síntomas distintos, además de tener un contexto personal, familiar, laboral o social que influya en la evolución de la depresión y que hay que tener en cuenta a la hora de plantear dicha terapia, para que ésta tenga un verdadero sentido.

En las dos últimas décadas se ha despertado un enorme interés por investigar acerca de aquellos factores de riesgo que puedan ayudar a entender posibles elementos relacionados con el origen y mantenimiento de la depresión, lo que denominamos vulnerabilidad.

Así, la vulnerabilidad sería una interacción entre factores psicológicos, biológicos y ambientales:

Existirían factores temperamentales, principalmente debidos a esquemas de pensamiento disfuncionales que la persona adquiere en su infancia, como consecuencia de experiencias negativas. De acuerdo con este funcionamiento, una vez que el individuo que presenta esta vulnerabilidad experimenta un acontecimiento similar al vivido en la infancia, se reactivarían sus esquemas disfuncionales. Por ello en terapia se deben explorar dichos esquemas de pensamiento de la persona que acude a consulta.

Existirían también factores ambientales. En este caso se trataría de identificar determinados acontecimientos vitales que se caracterizan por ser sumamente estresantes y que pueden precipitar una depresión. Por ello será necesario evaluarlos junto con el paciente, así como su interpretación de estos.

Asimismo, consideraremos también los  factores genéticos y fisiológicos ya que cuando la persona tiene antecedentes familiares próximos que han sufrido de trastorno depresivo mayor, se puede presentar un riesgo de dos a cuatro veces mayor que otros pacientes para el desarrollo de la depresión (especialmente en aquellas de inicio temprano o que son recurrentes).

En general, el  hecho de que la persona presente otros trastornos  psicopatológicos de cierta gravedad sería también un factor de riesgo. Hay que tener en cuenta que lo más habitual en la práctica clínica es que los pacientes acudan a consulta con más de un trastorno, siendo especialmente común la presencia conjunta de ansiedad y depresión. Algunos de estos trastornos serían además de la depresión, el consumo habitual de drogas o alcohol o el trastorno límite de la personalidad.

Se debe prestar atención también a la presencia de otras enfermedades médicas, entre ellas las enfermedades crónicas que suponen una merma importante de la calidad de vida del paciente.

Concluiremos con la noción de que actualmente, si bien parece haber un aumento de casos, también avanzamos hacia una mejor delimitación de qué es la depresión y qué formas puede adoptar, entendiendo a través de una evaluación rigurosa la individualidad de cada una de las personas que pueden presentarla, así como la posible presencia de otros trastornos que puedan influir en el curso de la depresión.

Por otro lado,  la psicología ha abordado el tratamiento de la depresión con la terapia cognitivo-conductual, de eficacia probada a lo largo de diversos estudios validados científicamente; si bien actualmente la psicología presenta una perspectiva integradora que incorpora a esta terapia componentes de otros modelos que son de utilidad, lo que permite adecuar técnicas concretas a distintos conjuntos de síntomas, así como a las particularidades de cada paciente, con el fin de lograr el éxito en el tratamiento.

Artículo escrito por Ángel Secades

En el centro de psicología en Madrid trabajamos un equipo de psicólogas y psicólogos entusiastas de nuestra profesión, con años de experiencia, un alto nivel de especialización y una amplia formación contrastada. Queremos ofrecer respuestas y herramientas a las personas para facilitar su pronta recuperación y así poder mejorar su bienestar y su calidad de vida en general.

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