Efecto Pigmalión

Repite conmigo: … “confío en ti”

Probablemente no sepas a qué me refiero cuando menciono el Efecto Pigmalión. Probablemente tampoco sepas quiénes son Rosenthal y Jacobson, ni qué tiene que ver todo esto con la confianza. Sin embargo, estoy segura de que cuando termines de leer este artículo serás capaz de encontrar un ejemplo de efecto Pigmalión que hayas vivido en primera persona o de forma muy cercana: presta atención.

Hace unas cuantas décadas, Rosenthal y Jacobson, psicólogo y directora de escuela, respectivamente, llevaron a cabo un curioso experimento en un grupo de escolares de primaria. El experimento consistía en informar a los profesores de que se realizaría una prueba de capacidades intelectuales a los alumnos para, posteriormente, facilitarles un listado de quiénes eran los estudiantes con capacidades intelectuales superiores, poniéndoles en preaviso de que serían ellos los que obtendrían mejores resultados académicos a final de curso.

Al término del curso resultaron ser, efectivamente, esos alumnos los que mejor resultado presentaron en sus calificaciones. Hasta aquí todo parece lógico, ¿verdad?

¿Y si te dijera que nunca se realizó ninguna prueba a ningún alumno para medir ninguna capacidad?

¿Y si te dijera que los alumnos que supuestamente presentaban mayores puntuaciones en la prueba fueron elegidos completamente al azar sin tener en cuenta ningún tipo de capacidad intelectual?

Entonces, ¿cómo es posible que fueran exactamente esos alumnos los que mejor resultado obtuvieron?

¿Como por arte de magia?

Pues bien, diversos estudios han podido verificar que son las expectativas que se crearon en los profesores acerca del rendimiento de sus alumnos las que contribuyeron a que tuvieran mejores notas. ¿Por qué?

Según Rosenthal, cuatro factores son los que influyen en este hecho ya que:

  • Tiende a crearse un clima más cálido entre los estudiantes de los que se espera mayor rendimiento, los profesores son más atentos con ellos.
  • Cuando un profesor tiene mayores expectativas sobre un alumno tiende a enseñarle mejor y más cosas.
  • Si un profesor espera más rendimiento de un alumno le brinda más oportunidades de respuesta e intervención en sus clases.
  • Cuando se espera buen rendimiento de un alumno se le alaba más y se le refuerza positivamente en mayor medida.

Ahora tiene más sentido, ¿verdad? Y nada que ver con la magia…

Pero, ¡ojo!, este Efecto Pigmalión o profecía autocumplida también sucede a la inversa, es decir, peores expectativas sobre el rendimiento también tendrán su efecto en los resultados obtenidos.

Así, el Efecto Pigmalión se define como el efecto que ejercen las expectativas que una persona tiene sobre otra, en el comportamiento de la segunda, tanto en sentido positivo como negativo.

Ahora bien, los profesores y alumnos no son las únicas personas que están bajo el influjo de este fenómeno. Todos lo estamos. Y lo estamos en todos los ámbitos en los que una persona puede crearse expectativas sobre otra. Piensa acerca de esto un momento, y plantéate sus repercusiones.

Tú y tus expectativas

Yo y mis expectativas; mis expectativas y yo, podemos influir en el comportamiento de otras personas, para bien y para mal. Entonces… Si en mi trabajo tengo a mi cargo varios empleados, voy a tender a comportarme mejor con aquellos de los que espero mejores resultados, y así será. Y también a la inversa con los empleados de los que espero menos.

Y si mi comportamiento es diferente con amistades de las que espero más, mi relación de amistad será mucho mejor con ellas. Y también a la inversa.

Y si mi relación de pareja atraviesa una crisis y creo que no va a mejorar, voy a comportarme de acuerdo a esta creencia, y probablemente contribuya a que así sea. Y al revés.

Y si mi hijo ha traído tres asignaturas suspensas este trimestre y doy por hecho que no va a remontar y repetirá curso, lo más probable es que repita. ¡Y al revés!

¿Eres consciente de la enorme influencia que puedes tener sobre el comportamiento de una persona con tus expectativas sobre ella? ¿De qué estamos hablando?

No es magia, es confianza

Estamos hablando de CONFIANZA. De la confianza que depositamos en alguien y de la creencia de que podrá alcanzar una meta u obtener un resultado. Creencia que, como hemos visto, contribuye a que se cumpla la profecía. De esta manera, nuestra confianza en las capacidades de una persona nos llevará a comportarnos con esa persona de acuerdo a esa expectativa previa; seremos más cálidos, brindaremos más apoyo, reforzaremos mucho más y mejor sus acciones… contribuyendo, favoreciendo un mejor resultado.

Ahora puedes recordar alguna situación en la que el apoyo recibido fue un elemento importantísimo para que lograras un objetivo, o fue tu confianza la que contribuyó al logro de otra persona.

Ahora sí, eres consciente de que tu confianza y comportamiento puede ser el impulso que alguien necesita para alcanzar un sueño; que cuanta más le aportes, mayor es el impulso y más lejos podrá llegar.

El Efecto Pigmalión no nos salva de encontrarnos con dificultades en la vida pero sí nos ayuda a entender que afrontarlas desde otra perspectiva, modificando nuestras creencias y manteniendo la confianza puede marcar la diferencia, diferencia que nos puede llevar mucho más lejos.

Puedes llevar mucho más lejos a tus empleados, tus compañeros, tus alumnos, tus amigos, tus padres, tus hermanos, tus hijos… y A TI, porque efectivamente, tus expectativas sobre ti mismo también están bajo el influjo del Efecto Pigmalión, recuerda:

Tanto si crees que puedes como si no, estás en lo cierto

Henry Ford

Rovira, A. (2006). Superarse con el Efecto Pigmalión. El País Semanal. Recuperado de https://elpais.com/diario/2006/09/17/eps/1158474420_850215.html
Gargantilla-Madera, P., Arroyo-Pardo, N. y Madrigal, J.F. (2016). ¿Existe el Efecto Pigmalión entre los residentes? Revista de la Fundación Educación Médica, 19(1). Recuperado de http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2014-98322016000100002

Artículo escrito por María Martín Pinero

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