¿Qué hay detrás del perdón?

¿Qué hay detrás del perdón?

El perdón es un puñado de sentimientos que a veces nos acaricia cuando el alma llora

MARIO BENEDETTI

“Lo lamento mucho” —dijo una voz quebrada que surgía de un cuerpo derrotado. A lo lejos, una voz fuerte y tensa que se alejaba señaló: “no sé si podré perdonarte alguna vez”.

El perdón forma parte de nuestras vidas. Estoy segura que ha escuchado o leído frases similares a alguna de las siguientes: un niño dice a otro: “¿Me perdonas? No lo hice a propósito”; un padre dice a su hijo: “Si no pides perdón a tu hermano, no podrás jugar con tus amigos”; el titular de una noticia en prensa es: “El delincuente arrepentido pidió perdón a sus víctimas ante los medios de comunicación”; el presentador de un programa de noticias afirma: “Los dirigentes del grupo armado piden perdón por el daño causado”. También tengo el absoluto convencimiento que usted podría relatar alguna experiencia en la que ha pedido perdón a alguien y alguna otra en la que le hayan pedido perdón. A lo largo de un día, cualquiera de nosotros interactúa con un gran número de personas con las que mantenemos diferentes niveles de intimidad. Nos relacionamos con familiares, amigos, compañeros de trabajo y también nos relacionamos con desconocidos. Durante estas interacciones, a veces la otra persona o nosotros mismos realizamos una acción que molesta o hiere al otro; por supuesto que no todas tienen la misma valoración: hay acciones de poca importancia, hay acciones sin intencionalidad, pero también hay acciones de gran importancia e incluso acciones ilegales que atentan contra los derechos de las personas.

En las líneas anteriores encontramos los elementos que se deben dar para que exista perdón:

  • Una persona que sufre y percibe un daño
  • Un causante del daño que puede ser otra persona, un grupo de personas o una situación
  • La acción u ofensa que daña y que puede ser la presencia de algo que perjudica —como una agresión física, verbal y psicológica— o la ausencia de algo que se necesita para sobrevivir, como los cuidados básicos por parte de las figuras parentales
  • La relación entre la persona y el causante del daño

Me gustaría que pensara en la última vez que usted sintió que le hicieron daño, ¿Qué experimentó? Quizás sus sensaciones coincidan con algunas de este listado: cuando uno percibe que ha sido dañado, suele tener una primera experiencia de no-perdón en la que son frecuentes: emociones como la rabia, el dolor, la tristeza, la confusión y la sensación de traición; fantasías o pensamientos de venganza; preguntas de por qué se ha comportado así el ofensor y si la víctima ha tenido alguna culpa en lo ocurrido; pensamientos de finalización de la relación con el ofensor; conductas de evitación del ofensor o distanciamiento en su presencia; expresiones de rabia o dolor llorando o enfrentándose al ofensor; y desconfianza en la relación (Williamson y Gonzalves, 2007, citado en Prieto y otros, 2012). ¿Cuáles son las opciones que tenemos tras esta primera experiencia? Algunas personas, con el objetivo de disminuir estas sensaciones, pueden aceptar el daño, pueden aprender a gestionar el estrés que experimentan, pueden decidir cambiar la forma de interpretar lo que ha ocurrido y pueden decidir perdonar. Otras personas dañadas pueden decidir buscar venganza demostrando al ofensor el daño causado excluyendo todo lo demás, pueden desconfiar de los demás y generar temor a abrirse a nuevas experiencias y desafíos. La decisión de perdonar o no es personal y supone un proceso voluntario.

Desde la perspectiva psicológica, algunas definiciones del término perdón resaltan sus beneficios positivos, por ejemplo la reparación de heridas emocionales, la neutralización de un estresor producto del daño sufrido, la disminución de los sentimientos negativos y el deseo de castigo y la confianza en las relaciones (Guzmán, 2010); pero el perdón no siempre tiene consecuencias positivas. Algunos autores señalan que en determinadas circunstancias —como en casos de abuso y maltrato— la persona que sufre el daño puede tener miedo a que si perdona vuelva a ocurrir y también puede sentir que con el perdón se muestra débil y vulnerable ante los demás. Parece que el perdón no es positivo en sí mismo para todas las personas ni para todas las situaciones.

En este momento considero oportuno exponer de forma muy concisa la diferencia entre el perdón y algunos términos con los que se ha relacionado:

  • No es lo mismo negación y perdón: cuando la persona no desea ver el daño ocurrido se habla de negación; en el perdón la persona sí reconoce que hay un daño.
  • No es lo mismo olvido y perdón: cuando la persona desea eliminar de su conciencia todo aquello que se relaciona con el daño se habla de olvido; en el perdón la persona realiza una tarea de integración del daño en su vida.
  • No es lo mismo justificación y perdón: cuando la persona acepta los argumentos que da el agresor para su acto se habla de justificación; en el perdón la persona busca la reparación del daño y no excluye la posibilidad de reclamar a la justicia eliminando en su actuación elementos vengativos.
  • Por último, no es lo mismo reconciliación y perdón: cuando la persona vuelve a confiar y restablece el vínculo con el otro se habla de reconciliación; en el perdón la persona puede decidir que no quiere volver a tener ninguna relación con el agresor.

Perdonar implica cambiar. Quien recibe el daño debe elaborar su enfado y ubicar el daño desde una visión integrada de aquel que se lo ha producido, y la persona que daña debe reconocer su culpa, responsabilizarse de su comportamiento y mostrar una actitud de querer solucionar las consecuencias surgidas. En ambos casos son cambios a nivel interno, individual o intrapersonal. El perdón también supone cambios interpersonales ya que se puede modificar el tipo de relación, el nivel de compromiso, las normas de interacción y los valores. Ahora piense por favor en la última vez que dijo alguna frase parecida a alguna de estas expresiones: “lo siento, no fue mi intención”, “perdón por lo que hice, no lo pensé bien” o “por favor, perdóname, no lo volveré a hacer”. Intente recordar las sensaciones que tuvo; si dar perdón es difícil, también lo es pedirlo ya que significa reconocer que somos el causante de un daño. La culpa y el remordimiento suelen ser los motores que nos llevan a pedir perdón, a afrontar el daño causado y a iniciar un proceso de cambio y reparación de la relación.

Si una persona da excusas para justificar su conducta incorrecta, culpabiliza al exterior de su comportamiento, no ve la necesidad de cambiar y no considera necesario reparar el daño se habla de falso perdón (Prieto-Ursúa y Echegoyen, 2015). La vergüenza es la emoción que se asocia con el falso perdón porque aquel que causa el daño se centra más en sí mismo que en la persona que lo ha recibido. Tanto para poder perdonar a los demás como para poder pedirlo, es importante el perdonarnos a nosotros mismos: el autoperdón supone mirarnos, reconocer nuestras cualidades, aquello que nos genera bienestar y aquello otro que nos genera malestar, reflexionar sobre nuestra responsabilidad. El autoperdón supone plantear cambios en nuestras conductas y valores e implicarnos en ellos para crecer y lograr nuestro propio respeto y aceptación.

Es momento de finalizar aunque aún queda mucho que contar sobre el perdón; me gustaría hacerlo parecido a cómo empecé. A lo largo de nuestra vida nos relacionamos con multitud de personas, algunas con roles más importantes que otras. Con todas ellas existen momentos en los que yo puedo sentirme dañada o sentir que daño al otro. Ser capaz de afrontar estas situaciones, reconociendo el impacto provocado y su importancia sin quedarme fijada a él, elaborando las emociones que me generan, reconociendo la situación en un contexto más amplio, aprendiendo empatía y comprensión hacia los demás, es un desafío que dura toda la vida. Cada uno de nosotros debe decidir en cada situación si cabe o no el perdón.

A continuación le ofrezco algunas referencias de investigaciones científicas sobre el perdón en el ámbito de la Psicología que puede consultar si siente curiosidad por este tema. Son artículos recientes ya que el interés de los psicólogos sobre este tema también es relativamente reciente, los primeros artículos se publicaron en la última década del siglo XX:

Casullo, M. M. (2005). La capacidad para perdonar desde una perspectiva psicológica. Revista de Psicología de la PUCP, XXIII, 1.

Guzmán, M. (2010). El perdón en relaciones cercanas: conceptualización desde una perspectiva psicológica e implicancias para la práctica clínica. PSYKHE, 19, 1, 19-30.

Guzmán-González, M., Alfaro, I. y Armenta, C. (2013). Perdón y satisfacción marital: una mirada desde lo sistémico. Salud & Sociedad, 4, 3, 284-294.

García, J. (2014). Culpa, reparación y perdón: implicaciones clínicas y terapéuticas (III). Revista de Psicoterapia, 25, 99, 135-164.

López, A. F., Kadanzew, A. y Fernández, Mª. S. (2008). Los efectos psicoterapéuticos de estimular la connotación positiva en el incremento del perdón. Avances en Psicología Latinoamericana, 26 (2), 211-226.

Prieto-Ursúa, M., Carrasco, Mª. J., Cagigal, V., Gismero, E., Martínez, Mª. P. y Muñoz, I. (2012). El perdón como herramienta clínica en terapia individual y de pareja. Clínica Contemporánea, 3, 2, 121-134.

Prieto-Ursúa, M. y Echegoyen, I. (2015). ¿Perdón a uno mismo, autoaceptación o restauración intrapersonal? Cuestiones abiertas en Psicología del Perdón. Papeles del Psicólogo, 36 (3), 230237

Artículo escrito por Carmen María Hinojosa Alcobet