¿Por qué nos preocupamos?

¿Por qué nos preocupamos?

En nuestra vida cotidiana resulta habitual que nos asalten dudas de qué hacer con los problemas que van surgiendo. Las preocupaciones son normales y tenemos que hacernos a la idea que van a existir siempre; no saber que va a pasar en el futuro y no poder controlarlo, sobre todo para hechos importantes, puede generar angustia.

Para ser capaces de sobrellevar la ansiedad generada por nuestras preocupaciones primero debemos identificar de qué tipo son, para luego aplicar las estrategias adecuadas. Vamos a basarnos a este respecto en la teoría de Dugas y Ladouceur (1998), que es de plena actualidad.

Tipos de preocupaciones:

Las preocupaciones que están basadas en la realidad y son de carácter modificable: hay que llevar a cabo un plan centrado en el problema de manera específica, sobre lo que se quiere resolver. Este plan debe de ser elaborado de la manera más minuciosa y objetiva posible, pudiéndose solicitar la ayuda de personas especializadas de nuestro entorno para que nos aporten ideas, si estamos bloqueados a la hora de generar alternativas plausibles.

Un ejemplo de este tipo de preocupación podría ser el de una persona que ha perdido su trabajo y tiene que elaborar un plan de búsqueda de empleo. Este debe ser lo más práctico posible, y centrado en la cuestión concreta; si no se dispone de las herramientas suficientes, podemos consultar a trabajadores sociales de la administración, para que nos ayuden con ello.

Las preocupaciones que están basadas en la realidad y son de carácter inmodificable: en este tipo de casos, debemos centrarnos principalmente en las emociones que nos generan, puesto que es una realidad que no podemos cambiar. Nuestra actitud va a ser el arma más importante para hacerles frente.

Un ejemplo de esta situación sería que nuestro cónyuge enfermase, con lo que lo único que podríamos hacer para sobrellevar esta situación, ya que no está en nuestra mano resolverla, es tener una actitud positiva y darle mucho apoyo a nivel moral y emocional; para que el proceso, dentro de la gravedad, sea lo menos traumático posible.

Las preocupaciones que son irreales o poco probables: con este tipo de preocupaciones debemos descomponer por partes lo que tanto nos atormente. Una de las técnicas más usadas es preguntarnos, por ejemplo: “¿cuánta sería la probabilidad de que esto mismo le ocurriera a mi vecina?”. De esta manera podríamos llegar a un punto más objetivo.

Un ejemplo de este tipo de preocupación sería el de María, que no quiere que su hijo vaya de excursión por miedo a un accidente de tráfico. Para hacer frente a este temor, María debe preguntarse: “¿cuánta probabilidad real hay de que ocurra esto?”, “¿cuál va a ser el beneficio que su hijo obtenga al conocer y aprender junto a sus compañeros cosas nuevas?”, “¿cuánta probabilidad hay de que esto mismo le ocurra al hijo de la vecina?”


¿Qué te preocupa?


Tener localizado el tipo de preocupación concreta que nos asalta va a facilitar que elijamos el Plan de Acción más adecuado y por consiguiente, resolver o sobrellevar la situación de la mejor forma posible. Recapitulando todo lo hablado anteriormente, cabe distinguir:

  • Las preocupaciones que están basadas en la realidad y son de carácter modificable: tenemos que aprender a elaborar un plan para ponerles solución. Pidiendo opinión de un experto, o de alguien cercano si fuese necesario.
  • Las preocupaciones que están basadas en la realidad y son de carácter inmodificable: lo que podemos hacer es cambiar nuestra actitud ante ellas, para que nos sean más llevaderas. En estos casos lo recomendable es ser lo más positivos y proactivos que podamos.
  • Las preocupaciones que son irreales o poco probables: se trata de aprender a verlas de un modo más objetivo descontextualizando el hecho, llevándolo incluso hasta la más absurda de las consecuencias, para darnos cuenta de la poca probabilidad que tiene, y si tiene alguna posibilidad de ocurrencia aceptarlo y aprender a sobrellevar cierto grado de incertidumbre. Por desgracia todavía no se ha demostrado científicamente que las bolas de cristal y el tarot nos den una respuesta, al menos no la dan para los más escépticos.

La mayoría de los problemas psicológicos se enraízan en no identificar el tipo concreto de preocupación y por consiguiente la imposibilidad de encontrar un plan de acción correcto para ponerles solución.
Para eso estamos los terapeutas, digamos que en esta área seríamos unos especialistas en distinguir los tipos de preocupaciones, pues estamos entrenados en el uso de técnicas según el tipo de problemática. Si alguna vez en el camino de la vida, sientes que algo te sobrepasa no es porque seas débil, sino porque no estás identificando correctamente lo que sucede. Acudir a un experto puede ayudarte a dilucidar y comprender que está pasando, es un recurso muy acertado para que la dificultad dure el menor tiempo posible o que la sepamos gestionar de otro modo.

Artículo escrito por Carmen de Castro Esgueva