Perdonarse a uno mismo

Perdón ARTE

Si no te has perdonado algo, ¿cómo puedes perdonar a los demás?

DOLORES HUERTA

¿Por qué es más fácil perdonar a otra persona que perdonarse a uno mismo? Llevar consigo el terrible sentimiento de culpa por algo que sucedió en el pasado es una carga demasiada pesada que no podemos cargar perpetuamente. ¿Por qué podemos perdonar a los demás aunque estos hayan cometido delitos atroces? mientras que… ¿no nos perdonamos por un error mucho menor? y sobre todo… ¿por qué somos tan duros con nosotros mismos? ¿por qué es tan importante saber perdonarse?

Como se suele decir, errar es humano; de hecho cometer errores es una parte fundamental en el aprendizaje emocional. Aprendemos a regular nuestras emociones de forma más eficaz cuando hemos estado expuestos a una situación fallida por intentar solucionar los problemas del día a día. A parte de la incontrolabilidad, lo que más nos molesta de aquello que nos toca afrontar es que nos muestra, como si fuera un espejo, el reflejo de un rasgo o conflicto que en realidad es nuestro, que forma parte de nuestro mundo interior. El daño o acto hiriente cometido alude, en realidad, a una característica de nuestra personalidad con la que no estamos conformes, que nos resulta desagradable o que intentamos combatir. Como señala Axel Piskulic, este proceso por el cual vemos “afuera” rasgos o conflictos que llevamos “adentro” se conoce en psicología con el término de proyección. Resulta necesario conocer estas características propias que consideramos negativas, entender que forman parte de un escalón en la escalera de crecimiento personal en el que nos encontramos en este momento, y aceptarlas de la misma manera que nos resulta fácil encariñarnos con niño a pesar de sus travesuras y errores, sabiendo que aún le queda completar su evolución y muchas cosas que aprender.

La psicóloga María Jesús Álava Reyes responde a estas y otras cuestiones en su libro Las tres claves de la felicidad: perdónate bien, quiérete mejor y coge las riendas de tu vida, en el que recoge el saber perdonarnos a nosotros mismos como la clave para hacernos sentir más seguros y mejorar nuestra autoestima: el autoperdón es diferente según las personas y las situaciones en las que infligimos algún daño; por ejemplo en lo relativo a nuestros hijos, pareja y familia, nos resulta más difícil perdonarnos que cuando se trata de jefes y compañeros de trabajo. Esto es así porque en las situaciones en las que hemos herido a alguien importante o cuando incumplimos nuestra palabra nos cuesta más que cuando nos sentimos engañados, en situación de injusticia o hemos hecho el ridículo. El perdón a uno mismo se relaciona con la salud mental y el bienestar incluso de forma más intensa que el perdón a los demás. Como apunta la autora: “perdonar nos hará más libres, pero perdonarnos a nosotros mismos nos hará más felices”

Son muchos los autores que hablan de fases, consejos y pautas para conseguir un adecuado autoperdón. Según Juan Masiá Clavel estas son las reflexiones más importantes que pueden llevar a un adecuado procesamiento del perdón: sentirse mal y lamentar el mal, desmitificar la acusación, reconocer la vulnerabilidad, saber que la capacidad de gratitud y perdón van unidas, personalizar la responsabilidad, reorientar el remordimiento, verbalizar el arrepentimiento y dejarse perdonar.

A este respecto, María Prieto-Ursúa e Ignacio Echegoyen marcan, en un estudio de la Universidad Pontificia de Comillas, el curso temporal del perdón hacia uno mismo:

  1. ) Evitar el falso perdón: no asumir la responsabilidad propia culpando al exterior o justificando las acciones, huyendo además de toda situación o persona que recuerde a la ofensa. Se intenta neutralizar la culpa.
  2. ) Auto-culpabilizarse en exceso o auto-condenación: en vez de externalizar la culpa, ésta se internaliza, produciéndose altos niveles de vergüenza, malestar y deseos de castigarse a uno mismo.
  3. ) Afrontar el daño causado y llevar a cabo una restauración compensativa: de esta forma afrontar la ofensa cometida sería verdadero o genuino autoperdón.

Sin embargo, se ha comprobado que perdón hacia uno mismo puede conllevar también consecuencias negativas como el ya citado falso perdón, que correlaciona con características narcisistas de personalidad. Además, este puede igualmente reducir la motivación para recibir el perdón de la víctima (Enright, 1996). Otra posible característica negativa es que puede cegarnos, no dejarnos ver nuestras ofensas y hacer más probable que vuelvan a surgir sin que nos hagan sentirnos culpables.

Estos aspectos negativos pueden llevar a entender el autoperdón como un proceso centrado en uno mismo y despectivo para la víctima. Y llegados a este punto, me gustaría volver a sacar la controversia a relucir con el arrepentimiento de un individuo que perteneció a la banda terrorista E.T.A.: antes de nada, quiero aclarar mi respeto a las víctimas y sus familiares; y clarificar que el único propósito de esta alusión es mostrar puntos de vista diferentes —en el anterior artículo rescatamos la entrevista a una víctima del terrorismo—. De este modo, Iñaki Rekarte reconoce: lo difícil es perdonarse a uno mismo, es su libro homónimo. En el texto Iñaki narra qué le llevó a formar parte de la banda, y cómo a través del amor a su mujer —quien fuera su asistente social en la cárcel— descubre una sociedad antes rechazada y el camino del arrepentimiento y el perdón, no sólo de sus víctimas, si no de sí mismo. Rodrigo Tena Arregui hace una interesante reflexión acerca del libro, y lo que significa perdonarse a uno mismo. Destaca la importancia del “por qué” uno no ha hecho las cosas bien y “qué” es lo que te ha llevado a actuar así, aludiendo al testimonio autobiográfico de Rudolf Hoess, oficial de las SS, en Comandante en Auschwitz.




Como apunta el título del artículo, el arte del perdón es el autoperdón: saber cómo hacer las paces con uno mismo, un bien necesario que tiene que ver con la auto-aceptación, con permitirnos no ser perfectos cada minuto que conforma nuestro día a día y, con ello, dejar de exigirnos aquello para lo que todavía no estamos preparados. Es una liberación de la dictadura autoimpuesta que creemos que proviene de fuera, pero que nace de dentro de nosotros.

Y es que el perdón es diferente según la zona de procedencia. Para despedir este texto me gustaría rescatar la anécdota de Hisao Tanaka, el antiguo presidente de la compañía japonesa Toshiba, que dimitió tras un escándalo contable que implicaba a su empresa. El ex-presidente pidió disculpas ante la prensa, mostró vergüenza y culpa consigo mismo, y finalizó con una pronunciada reverencia que duró varios segundos, y que como apuntaba el diario El Mundo “es un gesto que no todos los días se ve en un hombre de su posición: pedir perdón públicamente”. En la nación nipona, la reverencia de Tanaka se denomina saikeirei, y se trata de una inclinación de 90º que se utiliza para pedir perdón por una falta grave. Aparte de esta, existen varias clasificaciones más para catalogar las diferentes formas de solicitarlo, incluyendo el nivel de inclinación, la duración de la misma y su significado. Todos ellos son factores que sirven para expresar tanto el nivel de arrepentimiento como la sinceridad de la disculpa. Un antiguo refrán japonés reza:

las espigas de arroz, cuando tienen grano, inclinan la cabeza, y las que no tienen nada, permanecen erectas

Artículo escrito por Luís Fernando Martín

Te recomendamos que leas también “Perdono, pero no olvido“, otro artículo de Luís Fernando Matín.