Psicología femenina

La psicología femenina al descubierto

Podemos haber venido en diferentes barcos, pero ahora estamos en el mismo.

MARTIN LUTHER KING JR.

A menudo, muchas mujeres adoptan una actitud de rechazo ante los hombres, o son los hombres los que rechazan la forma de ser de las mujeres. En ambos casos, el sentimiento real y subyacente a estas conductas es el miedo y el desconocimiento de los unos por los otros; si aumentáramos nuestro saber sobre nosotros mismos y el sexo opuesto, se evitarían muchas frustraciones y veríamos en la consulta a menos parejas a punto de romperse. Hace tiempo que se vienen leyendo y oyendo artículos y opiniones sobre el tema, y en casi todos es palpable el trasfondo de que las mujeres están enfadadas y en pie de guerra (lo que asusta a los hombres), mientras que los hombres también se muestran enfadados con el tono de rencor, hartos de oír hablar del tema sin descanso, y sin entender muy bien en el fondo qué piden sus compañeras.

Mucho tienen que ver en esto los roles de género que de una forma muy sutil y desapercibida nos inculcan desde que nacemos. Las niñas reciben regalos que perpetúen su rol de cuidadora y su sensibilidad: muñecos a los que le enseñamos a cuidar, cocinas de juguete, equipos de limpieza en miniatura, sets de maquillaje… Y si dudamos, a la hora de hacer un regalo, de si es un artículo de niño o de niña tan solo hemos de mirar el color, ante la duda si es rosa es de niña.

Niñas princesas

Les leemos cuentos de princesas, les compramos películas de princesas, les llamamos “princesas” y les transmitimos que son frágiles y necesitadas de la protección de alguien más grande y fuerte que ellas. Afortunadamente, el mensaje ahora no es tan explícito como en otros tiempos; ya no les transmitimos que su fin último es el hogar y la familia, sino que verdaderamente queremos que sean libres, y les decimos que estudien mucho por supuesto, y que lleguen a ser lo que quieran, y que viajen, pero también que no pueden viajar solas, que no pueden volver solas a casa; papá les dice en broma que no saldrán hasta bien mayores, por si acaso, y que no se vistan de determinada forma para no provocar.

Es así como crecen, con mensajes subliminales de permanecer a la defensiva con el sexo opuesto, y con un autoconcepto sesgado, pensando que el hombre es el enemigo, un ser imprevisible y peligroso, más fuerte físicamente que ellas, que absolutamente siempre piensa en el sexo, y que todo cuanto querrá de ellas es precisamente eso, sexo. Ni que decir tiene que esto se ve de sobra reflejado en programas de televisión, series o películas, que nacen precisamente de estos modelos de crianza, y que a su vez los perpetúan confirmando al adolescente/joven/no tan joven que esa es la sociedad española y como tal ha de adecuarse a ella.

Es aquí donde por contraposición vamos a abordar ahora el punto de vista de los hombres, por alusiones. Mientras que resaltábamos el lado sensible y maternal de los juguetes de las niñas, los de los niños se encargan de potenciar su lado práctico, su autonomía y su fortaleza, siendo juegos con escaso manejo de las emociones, cualidad que a veces se ven obligados a llevarse a la vida adulta, donde la expresión libre de emociones por parte de un hombre es un tema aún sancionado y a veces incómodo entre iguales. Les mandamos mensajes destinados a potenciar su fortaleza a diario, cuando pensamos en que sería bueno que practicaran un deporte, les ofrecemos el fútbol como alternativa casi de forma sistemática, cuando salimos a jugar con ellos vamos preparados con un balón, les hacemos bromas sobre cómo va la evolución de sus bíceps, y les enseñamos que tienen que ser unos caballeros siempre con las mujeres.

Niños balón

¿Pero a que nos referimos con que sean caballeros? A que si van con una mujer le abran siempre la puerta, que paguen ellos la cuenta en una cita, que las protejan, las acompañen para que no les pase nada, y que “ayuden” siempre en casa con la limpieza y los niños. Para quien esté acostumbrado a estas normas de caballerosidad le sonarán muy bien, tanto si es hombre como mujer, pero lo que nos venden es el mensaje una vez más de que la mujer es una criatura a proteger. ¿Por qué no abre la puerta simplemente quién esté más cerca?¿o se paga a medias, o un día cada uno?

Los estereotipos nos hacen mucho daño a todos, pues las mujeres no deberían ser vistas como mejores cuidadoras, ni como frágiles, ni caprichosas, ni volubles. Tampoco los hombres deberían ser vistos como seres arcaicos que solo piensan en el sexo, que no saben hacer varias cosas a la vez, que son simples o que se ahogan en un vaso de agua con el cuidado parental. En la época de las cavernas, cuando alguien tenía que quedarse en la cueva con los niños y alguien salir a cazar, era lógico que saliera el más fuerte, pero a día de hoy, donde no nos encontramos con esos peligros primitivos, la única razón para seguir dando importancia a la debilidad física de las mujeres es considerar que el hombre es un animal que no domina sus impulsos y debemos protegerla contra él. Y eso es triste y reduccionista.

hombre-mujer

Es evidente que asistimos a otra revolución de la mujer, pero como es habitual en las revoluciones, cada uno las entiende a su manera hasta que el movimiento se establece y se unifica. Por eso, aquí muchas mujeres han tomado varios caminos: unas han entendido que la igualdad es copiar a los hombres, también en lo que venían haciendo mal —claro está— como adoptar modales rudos, gritar obscenidades a otros hombres —lo que llamamos piropo pero que en realidad nos incomoda a todos—, sacrificar su vida familiar para aspirar a puestos típicamente de hombres, creerse completamente independientes de ellos o rechazar su valía directamente. Otras han adoptado como se esperaba de ellas el rol de princesa valorando mucho la imagen física que proyectan, esperando que su pareja masculina sea su príncipe perfecto y las mime, las proteja y las defienda, llegando a exhibir a veces un carácter cambiante que los hombres no comprenden. Mientras, un tercer grupo ha optado por la vía feminista a la que se refería el movimiento en sus orígenes.

La palabra feminismo asusta, pero lo que asusta es la malinterpretación del término y los movimientos fundamentalistas que han surgido en su nombre. Una persona feminista, hombre o mujer, aboga únicamente por la igualdad real, y está tan en contra del estereotipo femenino como del estereotipo masculino, una mujer feminista AMA a los hombres y no quiere temerlos, quiere ser libre de poder decir NO siempre que quiera; al igual que ellos, sabe lo que quiere y lo expresa claramente y con asertividad, no espera a que el otro adivine sus sentimientos ni lo castiga si no lo hace, no necesita que le insistan para cambiar su respuesta de un no a un sí, no quiere que la inviten por ser mujer ni pagar ella siempre para demostrar su independencia de los hombres, entiende que son seres igualmente complejos que no siempre quieren sexo y no piensa por ello que sean menos masculinos. Pero sobretodo, una mujer feminista no es agresiva en su mensaje, no desprecia a aquellas personas en las que observa rasgos aún machistas, sino que explica con paciencia las veces que haga falta su punto de vista como mujer para que otros realicen un ejercicio empático, da ejemplo con su comportamiento sereno, amable e igualitario, y da alas a sus parejas de la misma forma que ella necesita las suyas.

Ahora imaginemos que una pareja adopta estos valores feministas, este sentido real del término, que practica la verdadera equidad, la verdadera comunicación con el otro, apartándose poco a poco de los estereotipos de género que le han sido asignados culturalmente. ¿No estarían en condiciones más favorables que otras parejas de llegar a formar un verdadero equipo, que se comprende, se apoya y se complementa?

Crecer en esta dirección es un camino largo y lleno de obstáculos, pero maravilloso si se hace juntos.

Artículo escrito por Laura Quemada Muñoz

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