Escritura terapéutica

La escritura terapéutica y sus beneficios psicológicos

Soy del tipo de personas que no acaba de comprender las cosas hasta que las pone por escrito

Haruki Murakami, Tokio Blues

Cuando pensamos en un interlocutor, es posible que nos cueste traer a la mente la imagen de una simple hoja de papel. Quizá lográsemos reducir nuestra extrañeza ante esta posibilidad si nos plateásemos la escritura como una herramienta que puede favorecer nuestro bienestar a nivel psicológico y con ciertas ventajas físicas.

El pensamiento es un lenguaje instantáneo, caótico, llegando en ocasiones a desbordarnos. Hay ideas a las que damos cientos de vueltas sin sacar nada en claro, solo repitiéndonoslas una y otra vez.

Es aquí donde entraría la escritura. A fin de cuentas, un cuaderno o un documento en blanco en el ordenador son interlocutores siempre disponibles en cualquier momento y en cualquier lugar. Ayudan a establecer un dialogo con nosotros mismos.

¿Qué tiene de especial la escritura?

El acto de escribir nos ayuda a contrarrestar la velocidad del pensamiento que mencionábamos con anterioridad. Ponemos distancia ante aquello que nos preocupa y aumentamos el tiempo dedicado a nuestro mundo interno, favoreciendo la reflexión, clarificación, mejor comprensión y gestión de uno mismo.

¿Qué debemos tener en cuenta a la hora de poner en marcha la escritura terapéutica?

Su función puede ir desde el desahogo o expresión de emociones y pensamientos, así como favorecer la reorganización de ideas; entre algunos de los posibles temas a tratar estarían situaciones que pueden provocarnos ansiedad o temor, algo que quisimos haberle dicho a alguien y en su momento no logramos hallar las palabras o el valor para comunicárselo, debates internos que mantengamos con nosotros mismos, valoraciones de nuestra vida si incluyésemos o eliminásemos algún elemento de nuestra actual realidad, así como reflexiones acerca de los cambios vitales.

Es imprescindible por ello eliminar las barreras autoimpuestas como la vergüenza, permitiéndonos una libre expresión sin remordimientos, conectando verdaderamente con nuestra situación.

No por ello resulta menos relevante encontrar un momento adecuado e íntimo, lo cual supone un reto en nuestro ritmo frenético del día a día. De la misma manera, el contexto favorecerá que logremos la comodidad necesaria para poner en marcha la escritura terapéutica; habrá quien prefiera escribir al aire libre o en una cafetería, mientras que otros es posible que se decanten por el hogar.

Tampoco se trata de convertirnos en grandes literatos; de hecho, ni el estilo, ni la ortografía son relevantes en estos escritos. Basta con que sean de utilidad para su autor. Sí es aconsejable su lectura personal tan solo una vez que se haya terminado. Si lo redactado se comparte o no posteriormente, es una elección del ensayista, de nuevo al servició de si considera que su difusión pueda o no ayudarle.

El momento más complicado de la puesta en marcha de esta técnica puede ser el comienzo, al no saber cómo empezar o por tener mucho que contar. Pero una vez iniciado, el proceso es sumamente enriquecedor, embarcando al autor en un autodescubrimiento y liberación personal.

En cuanto la frecuencia de su puesta en marcha pueden ser escritos puntuales o por el contrario, convertirse en un hábito en forma de diario.

Dentro del ámbito de la psicología son varias las corrientes que han contemplado los beneficios de escribir. Entre ellas, el psicoanálisis, promoviendo el uso de la escritura automática, que permite la libre expresión de la persona sin que se interponga como barrera la razón. La logoterapia, por su parte, promueve la escritura autobiográfica, mientras que la terapia parece tener cada vez más en cuenta los beneficios de escribir.


Beneficios de escribir


Como ejemplos de personas reales, que nos muestren los beneficios que puede tener la escritura para la expresión y superación de los complicados momentos que enfrentamos en la vida, tenemos a Viktor Frankl, conocido autor de El hombre en busca de sentido (1946), libro que constituye una muestra de que poner por escrito situaciones tan adversas, nos facilita una herramienta más de la cual valernos para superarlo: “Una casi irrefrenable necesidad de catarsis emotiva y vivencial, animaron y empujaron a Frankl a liberar las recientes experiencias vividas en los campos de concentración, recogiéndolas en un escrito”. De modo similar, escribir Paula (1994) supuso para Isabel Allende una ayuda en relación con el dolor por la muerte de su hija. Son casos en los que los escritos se dieron tiempo después de pasar por aquellos duros momentos. Pero bien es cierto que también puede ser de utilidad durante la vivencia de los mismos, como es el caso del Diario de Ana Frank (1947), con frases como “Espero poder confiártelo todo como aún no lo he podido hacer con nadie, espero que seas para mí un gran apoyo” en referencia a su diario.

Cuando le preguntaron a Saul Bellow cómo se sentía después de ganar el Premio Nobel de la literatura en 1976, respondió: “No lo sé. Aun no escribí sobre eso”



Existen estudios como el realizado por Mónica Bruder, profesora de la universidad de Palermo, titulado “Holocausto y Resiliencia. Sanando heridas a través de la escritura y cuento terapéutico”. En dicho trabajo, la autora nos muestra los beneficios de la puesta en práctica del cuento terapéutico, el cual supone la redacción en tercera persona de algunos de los hechos dolorosos vivenciados por la persona, solo que implica una elaboración mayor al buscar concluir con un final feliz, facilitando la superación del conflicto y abriendo la posibilidad a nuevos proyectos vitales. Los resultados contemplados en dicho artículo nos muestran un aumento del bienestar psicológico en aquellos que lo practican.

Una vez mencionados los beneficios a nivel psicológico, cabe destacar algunos de los beneficios que supone la escritura nivel físico; y es que la liberación de estrés a partir de la redacción no solo mejora el estado de ánimo, sino que además favorece unos ritmos cardiacos adecuados y una mejora en el sistema inmune.

Por último, tan solo un consejo en palabras de la autora Silvia Adela Kohan:

Pon tus fantasmas en palabras para que te molesten menos. Pon tu corazón sobre el papel. Pon tus emociones en un texto para vivir mejor

Artículo escrito por Isabel Quesada