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La elección de pareja evolucionó con nosotros

En 1859 Charles Darwin publicó El origen de las especies; en este libro se hablaba de la llamada selección natural, fenómeno a través del cual las especies evolucionaban generación tras generación de manera selectiva transmitiendo prioritariamente las cualidades más beneficiosas para la supervivencia del individuo.
Este proceso consiste en la preferencia que presentaban las hembras por el macho más preparado para sobrevivir, ya que este garantizaba que sus crías presentaran mayores probabilidades de adaptación al medio. Del mismo modo, los machos mostraban una mayor predilección por aquellas hembras que manifestaban signos de fertilidad (juventud, atractivo físico, aspecto saludable, etc). Por tanto, las características favorables para la supervivencia y la reproducción se heredaban de unas generaciones a otras mientras que los individuos con características desadaptativas encontraban dificultades para reproducirse.
¿Hasta qué punto ha cambiado el proceso de selección natural desde sus comienzos hasta hoy?
La elección de pareja en nuestra época también se encuentra marcada por una serie de pautas que se han ido adaptando a los tiempos en los que vivimos pero que, ahondando en sus raíces, son comparables a las que poseían nuestros antepasados. Por ejemplo, para ambos sexos el hecho de que la otra persona muestre una apariencia saludable, inteligencia, generosidad, honestidad y fidelidad resultan primordiales. En el caso de la apariencia saludable esto puede ser interpretado tanto con una finalidad estrictamente reproductiva —“Si está enfermo/a no podrá tener descendencia y/o mi descendencia estará enferma”— como ligada a la fidelidad —“Es la persona que elijo para compartir mi vida”. Por su parte rasgos como la generosidad o la honestidad son claramente adaptativos para los integrantes de una pareja ya que constituyen una forma de garantizar el buen trato entre las partes. Por último, el hecho de que la inteligencia sea una de las características esenciales que tanto hombres como mujeres demandan viene dado por el funcionamiento de la sociedad actual, en la que el inteligente presenta más probabilidades de éxito que el fuerte.
Sin embargo, como no podía ser de otra forma, existen diferencias entre sexos: las mujeres muestran predilección por rasgos como higiene, independencia, simpatía, sentido del humor y compromiso; los hombres por su parte refieren una preferencia significativa por el atractivo físico del cuerpo y una cara bonita frente a características como la capacidad económica que no parece resultar importante. Ninguno de los dos sexos considera atractivas a las personas que se sienten atraídas por relaciones esporádicas o por personas comprometidas.
De este modo, tanto hombres como mujeres consideran esencial que exista una fidelidad y un compromiso por parte de las dos partes pero ¿Entendemos del mismo modo la infidelidad?
En términos de fidelidad, existen diferencias significativas en su interpretación: Para el género masculino, el hecho de ser engañados de forma carnal es totalmente inadmisible. Más allá del sentimiento de traición que esto provoca, visto en términos evolutivos, el hombre ha querido desde el inicio tener la certeza de que su descendencia es realmente suya y se muestra más decepcionado con este tipo de comportamientos. Sin embargo, el género femenino vería con peores ojos —de forma general— que su pareja se enamore de otra mujer que el hecho de que se produzca una infidelidad carnal; esto podría traducirse en una mayor importancia hacia el compromiso que hacia la propia fidelidad, al contrario que en el caso de los hombres. La explicación es que la mujer, como encargada en primer lugar de la descendencia, busca un hombre que se comprometa tajantemente con la labor de crianza y, por tanto, el hecho de ser sustituida le resulta inadmisible.


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Todo lo descrito anteriormente sobre las prioridades de uno y otro sexo en la elección de pareja muestra no solo una gran compatibilidad a nivel general, sino también muchos puntos en común por ambas partes que deberían garantizar el éxito de la unión: ¿Qué puede estar fallando entonces en la actualidad con respecto a generaciones anteriores?
En las últimas décadas se han producido grandes cambios en nuestra sociedad que influyen de forma determinante en la concepción actual de la pareja. La posición actual de la mujer constituye uno de los más significativos: el rol femenino dos generaciones atrás era primordialmente el de ama de casa, existía una dependencia económica total respecto de su marido así como este dependía de su esposa en cuestiones relativas a la crianza de los hijos o los quehaceres del hogar. La mujer actual cuenta con independencia económica y es capaz de salir adelante por sí misma así como el hombre ayuda en mayor medida con las tareas de crianza y del hogar; de este modo todas las responsabilidades se reparten entre ambos y surge un conflicto que anteriormente era desconocido como es la competencia por el liderazgo en la toma de decisiones. Es natural que los miembros de la pareja tiendan a dominar en diferentes aspectos de la relación dependiendo de los intereses y capacidades de cada uno de ellos; el problema surge cuando ambos manifiestan un intento de dominancia sobre el mismo aspecto y qué decir si esta se pretende ejercer en varios puntos comunes. El hecho de que exista una igualdad de ambos miembros en lo referente a todos los aspectos de su vida genera más disputas en aspectos tales como la educación de los hijos, gastos o la propia relación.
Otro factor a considerar, en mi opinión, es el retraso en la llegada de la descendencia. El hecho de que la edad a partir de la cual se forma una familia se retrase a partir de los 30 años crea un periodo de tiempo previo dedicado, en muchos casos, a la independencia. Durante este periodo tanto hombres como mujeres suelen darse prioridad a ellos mismos y se muestran reacios a la idea de hacer grandes sacrificios que puedan suponer la pérdida de este estatus, el cual ha adquirido mayor valor ya que anteriormente era un concepto que no se consideraba prioritario.
La transición en las distintas etapas del amor también es un motivo importante de conflicto. La aparición de la primera crisis, la cual suele darse tras los primeros años de relación, puede tener dos finales como serían: 1) El reforzamiento de la pareja tras la superación de la crisis pasando de una etapa pasional a otra caracterizada por confianza y sensación de estabilidad o 2) La ruptura de la pareja por el establecimiento de objetivos y planes incompatibles con la relación. Este factor se encuentra estrechamente relacionado con el anteriormente mencionado ya que aquí es donde el concepto de independencia puede haberse visto afectado, en la medida en que haya sido calificado como indispensable.
Por último, conviene dar una especial importancia a las capacidades comunicativas ya que suponen la herramienta para solucionar los problemas existentes. Cuando una pareja no consigue hallar solución al conflicto mediante la comunicación, la entrada en un bucle continuo de disputas se hace irremediable y esto lleva a percibir la situación como un problema de convivencia más que como una incapacidad de expresión fructífera para ambas partes.
Artículo escrito por Eva Calvo