El precio de la felicidad

El precio de la felicidad

Esta mañana, Rocío se ha despertado con un aluvión de mensajes de WhatsApp y redes sociales. Todos ellos le dicen que: hoy será un gran día, que sonría, que no se rinda, que ella puede con todo, que no esté triste, que si lo desea con fuerza conseguirá todo lo que quiere… De manera que se ha atornillado la sonrisa y guardado su cansancio en el bolso, junto a su nuevo y chic kit de agenda y bolígrafo; los dos impresos con frases motivacionales que te inspiran felicidad por un módico precio: siemprefeliz# 0%aburrida#

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Hoy para desayunar prueba esa nueva marca de cereales del anuncio donde aparece una familia feliz, ese con una guapa y esbelta madre del siglo XXI. La perfecta ama de casa y profesional de éxito: supermamá# supermujer#

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De camino al trabajo ojea una revista de belleza y bienestar, donde una conocida modelo desvela “los SECRETOS para recuperar la figura en MENOS de un mes después del parto y sentirte BIEN contigo misma”. A Rocío ese editorial le recuerda que ya no se encuentra tan atractiva como antes de quedarse embarazada de su segundo hijo de 5 meses… noexcuses# enforma#

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Trabaja distraída, no puede dejar de pensar en cómo estará su bebé y llama constantemente a la guardería para comprobarlo. Duda si hizo bien cuando rechazó la jornada reducida por maternidad, pero aparta esos pensamientos de su mente. Quiere que la empresa vea en ella una persona comprometida y proactiva. Son las claves número 8 y 9 de su nuevo libro de cabecera: clavesparatriunfar# proactividad100%#

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Ya en la cama Rocío no puede dormir, no para de pensar que: no ha ido a visitar a su madre a la residencia, en la mala contestación que le dio al mayor mientras le preparaba la cena, en que el pequeño parece que no la reconocía cuando le recogió, en ese plato de pasta que no debió comerse… Agobiada, decide tomarse una pastilla para dormir, no sin antes publicar su último post del día: sueñosfelices# smileandtheworldsmileswithyou#

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Esta mañana Rocío se ha despertado con un aluvión de…

Una malinterpretación de la Psicología Positiva inunda nuestras vidas a través de las redes sociales, libros y publicidad, convirtiendo la felicidad en una obsesión, así como en un negocio muy rentable por parte de marcas y editoriales, que han encontrado en esta búsqueda devenida en necesidad la fórmula de éxito.

A través de las redes sociales las personas nos volvemos cómplices de esta idea perversa e imposible de felicidad eterna que nos venden. El problema es que en su lugar, este mal formulado constructo puede dejar a su paso frustraciones, culpabilidad e insatisfacciones existenciales al dramatizar las situaciones y emociones negativas.

Estos sentimientos —de culpa y frustración— están conectados con expectativas hacia nosotros/as mismos/as que nos autoimponemos o que nos impone la sociedad. Es por ello que aprender a reducir nuestras autoexigencias y tolerar la frustración mitigará esos sentimientos, además de ayudarnos a evitar la procrastinación y el abandono de tareas por vernos sobrepasados merced a una mala planificación.

No podemos negar la importancia de la relación entre cómo pensamos y cómo entendemos la realidad. Los pensamientos positivos ejercen como factor protector para prevenir trastornos mentales, reducción de estrés, enfermedades orgánicas y aumento en nuestra calidad de vida pero tenemos que huir de un pensamiento positivo ingenuo y moralista, ajustándolo a nuestro momento y situación actual.

Por tanto, autosuperarnos persiguiendo nuestros sueños es importante para nuestra realización como personas, pero no nos podemos quedar en un análisis superficial de nuestros recursos y limitaciones. ¡Ojo! No los límites que nos autoimponemos por miedo, o que nos ponen otras personas o la sociedad.

Sin este trabajo previo y profundo, los mensajes positivos se desvanecerán por el camino y no nos ayudaran a conseguir nuestras metas, pudiendo degenerar en un sentimiento de fraude. Sirva como ejemplo el Síndrome del Impostor —acuñado por las psicólogas clínicas Pauline Clance y Suzanne Imes en 1978—, un fenómeno psicológico en el que las personas son incapaces de internalizar sus logros. No suelen existir las fórmulas mágicas y generales que nos sirvan a todos/as y en todas las circunstancias.

El concepto de Inteligencia Emocional popularizado por Daniel Goleman en 1995 nos enseña que parte de ella es el autoconocimiento emocional, definido como la percepción de nuestras propias emociones, de su regulación y de cómo nos afectan. Aprender a regularlas supone algo más que simplemente lograr satisfacción con los sentimientos positivos y tratar de evitar y/o ocultar nuestros afectos negativos. Para nuestro propio bienestar necesitamos comprender la forma en la que nuestro estado de ánimo interviene en nuestro comportamiento. Y conocer cuáles son nuestros puntos fuertes y débiles.

La tristeza es una de las emociones básicas del ser humano, junto con la ira, el miedo, el asco, la sorpresa y la felicidad. Y como todas ellas cumple una función; entre otras, permite que la persona haga introspección, genere cambios y promueva la empatía de nuestros semejantes.

Cuando la exigencia irracional de ser feliz se convierte en una obligación, una superficial y malentendida Psicología Positiva podría crear más obstáculos de los que soluciona. A título de ejemplo nos encontramos con el Síndrome de Bienestar (Cederström y Spicer, 2015), que ilustra la obsesión por sentirse permanentemente bien.

En definitiva, la búsqueda de la felicidad es inherente a las personas y es bueno perseguirla pero sin que esa persecución obsesiva te impida llegar al objetivo.

Incluso una vida feliz no puede medirse sin la oscuridad. La palabra feliz perdería su significado si no estuviese balanceada por la tristeza

C.G. JUNG

La felicidad no puede ser obtenida queriendo ser feliz. Tiene que aparecer como consecuencia no buscada de perseguir una meta mayor que uno mismo

VIKTOR FRANKL

Artículo escrito por Eva Diéguez

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