El bienestar psicológico

El bienestar psicológico ¿Algo entrenable y controlable?

La psicología se ha centrado históricamente en el estudio y comprensión de los trastornos y enfermedades mentales, convirtiéndose así en una ciencia dedicada a la curación. Esto ha permitido la proliferación de grandes conocimientos y progresos que han abierto la puerta a nuevas teorías acerca del funcionamiento mental humano y al desarrollo de nuevos y mejorados tratamientos, favoreciendo la recuperación de aquellas personas con problemas psicológicos. No obstante, existe escaso conocimiento acerca de la forma en la que las personas normales son capaces de sobrevivir, soportar o prosperar ante situaciones de adversidad. La focalización en la patología ha hecho descuidar aspectos importantes como las fortalezas y las virtudes humanas, la felicidad, el contento o el bienestar.
En este sentido, recientes estudios han puesto de manifiesto que existe una importante mayoría de la población que posee fortalezas y capacidades suficientes para mantener unos adecuados niveles de bienestar psicológico y felicidad. Esta situación invita a reflexionar acerca de lo que hace que ciertas personas posean unos mayores niveles de bienestar psicológico o de felicidad que otras, explorando, por tanto, la existencia de factores mas o menos estables que puedan actuar como pronosticadores o favorecedores de un mayor nivel de esta dimensión fundamental, uno de los aspectos positivos e importantes para la salud del ser humano.
En este contexto, se llevó a cabo un estudio con la intención de comprobar el peso que pudieran tener a la hora de explicar el bienestar psicológico ciertas variables como la edad, el sexo, la experiencia de sucesos vitales estresantes percibidos en el último mes, el autoconcepto o la personalidad, entendida desde el modelo de los cinco grandes (Goldberg, 1993) que sostiene que esta se divide en cinco grandes factores: neuroticismo, extraversión, apertura a la experiencia, responsabilidad y cordialidad. Para ello se utilizó una muestra poblacional formada por un total de 86 participantes de los cuales 45 fueron varones y 41 fueron mujeres, con un rango de edad comprendido entre 18 y 57 años.
Los resultados del estudio mostraron que las variables edad, sexo y presencia de eventos vitales estresantes en el último mes no presentaron una relación significativa con el bienestar psicológico. En cuanto a la personalidad, tres de los cincos factores fueron los que mostraron una relación significativa con el bienestar psicológico, estos fueron: la extraversión, la responsabilidad y el neuroticismo, relacionándose de forma positiva la extraversión y la responsabilidad y de forma negativa el neuroticismo. Por su parte el autoconcepto, aunque en menor medida, mostró igualmente una relación significativa y de carácter positivo con el bienestar psicológico.
El bienestar psicológico
Sobre las variables de personalidad que mostraron una relación significativa con el bienestar psicológico, cabe mencionar lo siguiente para poder entender los resultados obtenidos:
La extraversión se compone de las siguientes cinco facetas: Afecto, Asertividad, Gregarismo, Actividad, Búsqueda de emociones y Emociones positivas; por tanto, su alta relación positiva con el bienestar psicológico es probable que sea debida a que la personas que puntúan alto en extraversión muestran un alto nivel de sociabilidad y de asertividad, lo que les posibilita poseer una amplía red social en la que apoyarse, así como una tendencia a la actividad, a la diversión o la búsqueda de sensaciones que les lleva a poseer un gran número de emociones y experiencias positivas.
Por su parte, la responsabilidad se compone de las siguientes cinco facetas: Competencia, Orden, Necesidad de logro, Sentido del deber, Deliberación y Auto-disciplina; por tanto, su alta relación positiva con el bienestar psicológico es probable que sea debida a que un alto grado de responsabilidad propiciaría una correcta ejecución de las tareas, metas u objetivos propuestos previamente, con cuya realización se obtendrían éxitos personales que provocarían un aumento del bienestar psicológico en la persona.
Por último, el neuroticismo se compone de las siguientes cinco facetas: Ansiedad, Hostilidad, Depresión, Timidez, Impulsividad y Vulnerabilidad; por tanto, su alta relación negativa con el bienestar psicológico es probable que sea debida a que las personas que puntúan alto en neuroticismo presentan un inadecuado afrontamiento o gestión de las situaciones complicadas de la vida, dificultad para tolerar la frustración y desajuste emocional, lo que les lleva a la inseguridad y a la preocupación, así como a poseer una gran variedad de emociones negativas que les hacen sentir irritados, inquietos, enfadados, nerviosos, alterados o con rabia. La impulsividad, a su vez, les lleva a cometer excesos y a presentar dificultad para controlarlos.
En lo relativo al autoconcepto, y teniendo en cuenta que su formación se debe a la percepción de uno mismo en diferentes áreas de la vida tales como: la laboral o académica, familiar, social, emocional y física, los resultados de este estudio estarían poniendo de manifiesto que una adecuada percepción sobre uno mismo en estas áreas favorecería unos adecuados niveles de bienestar psicológico.
Por tanto, y en base a los resultados y conclusiones expuestas anteriormente, existiría la posibilidad de entrenar o desarrollar, y por tanto controlar, el bienestar psicológico de uno mismo. Esto se lograría mediante el favorecimiento de aquellas variables que han mostrado relacionarse de forma positiva con el bienestar psicológico y mediante el control de aquellas variables que han mostrado una relación negativa con el bienestar psicológico. Con el objetivo de operativizar todo esto, se propone a continuación de forma breve y sencilla una serie de pautas que darían lugar al desarrollo de esta dimensión fundamental para nuestra salud física y mental:

  • Fomentar la concentración, organización, disciplina y persistencia en la ejecución de las tareas que llevan a los objetivos propuestos por uno mismo.
  • Favorecer el desarrollo de la asertividad, así como la ejecución de actividades nuevas, de carácter gratificante, divertidas, que permitan una alta interacción social y con las que experimentar emociones y experiencias positivas.
  • Desarrollar un adecuado afrontamiento y gestión de las situaciones complicadas a las que nos enfrentamos, ajustándonos correctamente de forma emocional a ellas, reduciendo las conductas impulsivas y tratando de tolerar la frustración que estas nos provocan muchas veces.
  • Realizar una correcta interpretación de las situaciones vividas, favoreciendo evaluaciones positivas, así como una correcta atribución sobre la propia conducta que favorezcan adecuados niveles de nuestro autoconcepto.

Artículo escrito por Emilio Miguel Muñoz de la Nava

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