celos patológicos

Celos patológicos como factor causal de la violencia de género

¿Quién no ha sufrido celos alguna vez? Desde que empezamos a tener conciencia del mundo que nos rodea, los celos nos acompañan. Todo empieza cuando de niños celamos a nuestros hermanos por adquirir la atención de nuestros padres y nos frustramos por ese cariño que consideramos superior al que nos dan a nosotros. Podemos sentir celos también de amigos, compañeros de clase o trabajo, o bien de familiares. Sin embargo, es una de las emociones que está más presente en las relaciones de pareja, en las cuales puede ir poco a poco creando un malestar psicológico y social en ambos miembros, que conduzca en algunos casos en agresiones físicas.

En 1991, Salovey definió los celos como una emoción que surge ante la sospecha (real o imaginaria) de amenaza a una relación considerada valiosa. Aludiendo a esta definición, tener celos sería algo normal cuando una persona realmente te importa y no quieres perderla, o incluso podría considerarse una emoción necesaria para demostrar el amor hacia ella. Frases como “si siente celos es porque realmente te quiere” o “soy celos@ porque te quiero y no quiero perderte” son propias de las parejas en las que esta emoción está presente. Pueden estar infundados o no, pero detrás estaría presente la inseguridad, falta de autoestima y desconfianza.

¿A partir de qué punto se convierten los celos en algo patológico?

No está establecido el límite que separe los celos normales de los patológicos. No obstante, estos últimos están definidos como un trastorno caracterizado por la preocupación excesiva e irracional ante la posibilidad de una infidelidad, que altera emocionalmente al sujeto llevándole a la realización de conductas de comprobación con el fin de controlar a su pareja. La principal diferencia entre ambos sería la reacción ante la amenaza. A este respecto cabe destacar que la aparición de los celos podría reflejarse en la inseguridad y baja autoestima de quien los presenta, considerándose inferior a esa tercera persona que supuestamente amenaza su relación, provocándole el miedo intenso de perder a su pareja ya que, de un modo u otro, este tipo de personas suelen ser muy dependientes.

El celoso ama más, pero el que no lo es ama mejor.

Molière

El sentimiento de posesión (“Eres solo mi@, soy solo tuy@”) como mito del amor, así como forma de expresar el máximo interés hacia la otra persona, es el comienzo de los celos patológicos. Con el deseo de poseer comienza el control obsesivo en el que se tiene que saber dónde, cuándo, con quién y el porqué de los actos de la pareja, llegando incluso a perseguir y acosar llevados por la desconfianza, y restándole así poco a poco su libertad hasta el punto de no poder hacer nada sin la compañía de él/ella. Absolutamente todo es considerado como amenaza para el celoso, el cual tiene su atención focalizada en el miedo, la desconfianza y la inseguridad: “si llega un poco tarde es porque ha estado con alguien”“si tarda en coger el teléfono es porque está con alguien”“si le sonríe al camarero es porque le gusta…”

Estas emociones que acompañan a los celos desembocan en sentimientos de tristeza, rabia y enfado, que se van manifestando a lo largo de las discusiones iniciadas por el celoso. En un principio, aparece la tristeza acompañada de frases victimistas como “No me quieres, no soy lo suficiente para ti, si me quisieras no me dejarías sol@ o no hablarías con esa persona”, consiguiendo disminuir el círculo social de su pareja —así como sus actividades o su libertad para vestirse, entre otras cosas— ya que debido al sufrimiento extremo de su pareja esta siente una gran culpabilidad, y si así es la forma de demostrar que realmente quiere estar con ella cede en sus chantajes.

No obstante, los celos continúan y siguen limitando a la otra persona. Al ir produciéndose gradualmente, la víctima de estos no es consciente de que lo que está viviendo son situaciones de maltrato psicológico: el celoso considera que tiene el control absoluto sobre su pareja, ya consiguió el “eres mi@”, pero su inseguridad y su desconfianza continúan persiguiendo todo aquello que escape de su control. Es ahí, cuando la rabia y la agresividad se apoderan de las discusiones, desembocando en episodios de violencia de género.

Llegados a este punto, hay cosas difíciles de entender: si tienes miedo de perder a quien quieres,  y sientes celos de terceras personas que podrían ser una amenaza, ya sea porque te sientes inferior o porque eres desconfiad@… ¿Por qué no mejoras tu autoestima? ¿Por qué no trabajas tu seguridad? ¿Por qué no pides ayuda? No solo estás sufriendo tú, también esa persona a la que tanto quieres. Amar no es poseer, amar no es controlar. En el mismo momento en el que se comienza a controlar todo lo que rodea a la victima de los celos (vestimenta, amigos, lugares, horarios, etc.) deja de ser persona para convertirse en objeto. Porque a las personas no se les puede poseer y a los objetos sí.

Ligerezas como el aire son para el celoso fuertes confirmaciones, como un testimonio de las Sagradas Escrituras.

William Shakespeare

Artículo escrito por Eliana Benguigui

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